Unidad 6 El sector financiero: deuda, dinero y mercados financieros
6.6 Introducción del banco central
El modelo bancario de la sección anterior estaba basado en el dinero mercancía (grano) y los bancos privados. Hasta ahora no hemos usado en nuestros modelos ninguna moneda de curso legal (billetes y monedas). En esta sección y la siguiente analizaremos el papel que desempeñan el banco central, los bancos comerciales y el gobierno en el sistema bancario actual. Explicamos que el Estado es dueño del banco central y que este último crea el dinero primario, el cual incluye tanto los billetes que podemos retirar de un cajero automático o una sucursal bancaria como las reservas que tienen los bancos comerciales en sus cuentas del banco central. Al igual que los depósitos bancarios son pasivos de los bancos comerciales (y se denominan dinero bancario), el dinero primario es un pasivo del banco central. Las reservas de los bancos comerciales conforman la columna vertebral del sistema de pagos de la economía, y los bancos comerciales crean dinero bancario a través de la concesión de préstamos a los hogares y las empresas.
Bancos comerciales y bancos centrales: introducción en el modelo de las reservas y del dinero primario
En la sección anterior, los depositantes de nuestro modelo podían retirar sus fondos del banco en forma de grano. Pero el dinero mercancía, se trate de grano, de oro o de plata, no es nada práctico. En los sistemas bancarios modernos, el dinero mercancía se ha reemplazado por dinero primario (también conocido como dinero de bancos centrales). El dinero primario es un pasivo del banco central.
El banco central proporciona dos variedades de dinero primario: moneda (billetes y monedas) y reservas, que son los depósitos que tienen los bancos comerciales en sus cuentas del banco central. Las reservas pueden convertirse en dinero a la vista en el banco central. De modo que si un banco necesita más billetes para abastecer sus cajeros automáticos, convierte parte de sus reservas en billetes; o, si tiene demasiados, los cambia por reservas en el banco central. Un detalle crucial es que tiene que usar sus reservas para efectuar transacciones con otros bancos.
Dinero primario: reservas y moneda
El dinero primario, también llamado dinero de alto poder o base monetaria, se corresponde con la suma de las reservas y la moneda. Las reservas (o cuentas de reserva) son depósitos de los bancos comerciales en el banco central que se consideran parte del dinero primario. Solo los bancos pueden tener esas cuentas, y estos solo pueden emplear las reservas para liquidar transacciones con otros bancos. El banco central proporciona reservas comprando activos a los bancos o directamente haciéndoles préstamos.
Esto es una simplificación. En realidad, los bancos toman prestados y prestan grandes volúmenes de reservas para gestionar su liquidez en el mercado interbancario recurriendo a acuerdos de recompra o «repos». Encontrarás una explicación de este sistema en el capítulo 5 de Carlin, Wendy, y David Soskice. 2024. Macroeconomics: Institutions, Instability, and Inequality. Oxford University Press.
Por ejemplo, cada vez que un cliente del Banco A gasta dinero en un comercio que tiene una cuenta en el Banco B, el banco del cliente (depósito) se transfiere del Banco A al Banco B, junto con una cantidad correspondiente de reservas. En el ejemplo de la sección anterior, esto es lo que ocurriría si Marco usara dinero bancario para pagar en un supermercado que tiene una cuenta en un banco distinto al suyo.
El empleo de moneda de curso legal como medio de intercambio ha caído con rapidez en los últimos años, hasta el punto de que cada vez es mayor la proporción de la población mundial que hace un uso escaso o nulo del dinero en efectivo con regularidad.
La moneda de curso legal, la cantidad total de billetes y monedas que hay en circulación, solo es una parte de lo que medimos como dinero en las economías modernas. El otro componente principal, el dinero bancario (es decir, el total de depósitos bancarios en bancos comerciales) constituye una proporción mucho mayor. En numerosas partes del mundo, la gente sigue llevando billetes y monedas encima y, en ciertos contextos, se refiere a ellos llamándolos «dinero». Sin embargo, a medida que aumentan los pagos a través de aplicaciones móviles o tarjetas bancarias, es más probable que te pregunten si llevas «efectivo» encima cuando se alude de forma específica al dinero físico.
Medir el dinero
El dinero que maneja la población general se define como el dinero en efectivo más los depósitos bancarios (o el dinero bancario). Así es como miden los bancos centrales la oferta monetaria. Emplean abreviaturas como M0, M1 y M3 como medidas alternativas de la oferta monetaria, dependiendo de la amplitud de medida que se use para los depósitos bancarios. Las definiciones varían de un país a otro y también han cambiado con el tiempo cuando ha habido innovaciones dentro del sistema bancario, por ejemplo, cuando en Reino Unido los depósitos de ahorro en instituciones no bancarias, como las sociedades de crédito hipotecario, se convirtieron en medios de intercambio equivalentes a los depósitos bancarios. Cada banco central define la oferta monetaria que emplea.
Sabemos que el dinero bancario es un pasivo colectivo de los bancos comerciales. Pero ¿qué sucede con el dinero en efectivo (los billetes y las monedas)?
¿Qué es un billete?
Si tienes dinero en efectivo a mano, fíjate bien en la letra pequeña que llevan impresa los billetes. Eso te dará algunas pistas sobre la respuesta a esta pregunta, aunque sean bastante opacas. He aquí cuatro billetes de cuatro monedas distintas: un billete de 5 libras de Reino Unido, un billete de 500 rupias de India, un billete de 1 dólar de Estados Unidos y un billete de 20 euros de la zona euro.
Volveremos a hablar de las monedas en la próxima sección.
Por si no tienes una lupa a mano…
- El billete de 5 libras esterlinas porta la leyenda «Yo prometo pagar al portador que lo solicite la suma de cinco libras» firmada por el «Tesorero jefe» en nombre del «Gobernador y la Compañía del Banco de Inglaterra».
- El billete de 500 rupias porta una leyenda casi idéntica y está firmado por el Gobernador del Banco de la Reserva de India (Reserve Bank of India). En el encabezamiento del billete también constan las palabras: «Garantizado por el Gobierno Central».
- El billete de 1 dólar estadounidense (que porta el título «Billete de la Reserva Federal») dice «Este billete es de curso legal para todas las deudas públicas y privadas», firmado (de manera ilegible) tanto por el tesorero de Estados Unidos como por el secretario del Tesoro.
- El billete de 20 euros dice, bueno… en realidad no dice nada. Sencillamente porta la firma de Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo.
¿Qué debe pensar el poseedor de uno de estos billetes a partir de esta información?
Las promesas de los billetes de India y Reino Unido, por ejemplo, resultan un tanto tranquilizadoras. Pero si los inspeccionamos con más detenimiento veremos que dicen que si entramos, por ejemplo, en el Banco de Inglaterra (Bank of England) y entregamos ese billete de 5 libras, entonces un funcionario del banco nos lo cambiará por otro billete de 5 libras, lo que de por sí no parece convertir esa promesa en un rasgo especialmente valioso del billete.
La designación alternativa de «dinero fiat» pone de manifiesto este carácter legal. El término latino fiat significa ‘hágase’. Si te preguntas en qué situaciones se puede rechazar un pago con dinero bancario y exigir que se efectúe con dinero en efectivo, un ejemplo sería si el vendedor sospecha que hay riesgo de que quiebre el banco asociado a tu teléfono o tarjeta de débito y, por tanto, teme no recibir los fondos. En la práctica, a pesar de definirse como dinero de curso legal, ahora es frecuente encontrar vendedores que solo admiten pagos con tarjeta.
- dinero de curso legal
- Monedas o billetes que deben aceptarse por ley para el pago de bienes y servicios.
Sin embargo, el billete de dólar cuenta la otra mitad de la historia. La expresión dinero de curso legal significa que se puede usar como medio de intercambio, es decir, para comprar objetos y servicios. También podemos comprar cosas con dinero bancario a través de una tarjeta de débito o un teléfono, pero hay una diferencia. Puesto que la moneda es de curso legal, cualquiera que venda algo está obligado por ley a aceptarla, mientras que, por regla general, podría negarse a aceptar un pago con teléfono o con una tarjeta de débito.
Aceptamos billetes porque sabemos que siempre se pueden usar de esta manera.
La segunda parte de la leyenda de los billetes de dólar, «para todas las deudas públicas y privadas», nos dice que podemos usar billetes para saldar una deuda. Pero, en realidad, nos comunica indirectamente algo más. Si pagamos una deuda a otra persona con un billete de 100 dólares, entonces nosotros dejamos de deber 100 dólares a esa persona, pero el banco central sí se los debe. Los billetes son, pues, un pasivo del banco central. Cada vez que se utilizan (ya sea para saldar una deuda o para intercambiar bienes y servicios), el pasivo del banco central se transfiere de una persona a otra. Por tanto, aquí hay un claro paralelismo con la forma en que se transfiere un pasivo de un banco comercial cuando efectuamos un pago desde una cuenta corriente, tal como explicamos en la sección anterior.
La diferencia fundamental es que los billetes son pasivos de un tipo de banco específico: el banco central. Esto es lo que los convierte en dinero primario, en lugar de dinero bancario (depósitos). Los billetes tienen un aspecto diferente al dinero bancario porque son trozos de papel en lugar de números que aparecen en la aplicación bancaria de un teléfono. Pero, por lo demás, funcionan como medio de intercambio de una manera similar:
- El dinero bancario es un pasivo de los bancos comerciales: se puede usar para pagar cosas y acumular valor, porque los bancos comerciales prometen que transferirán los depósitos de una persona a otra y que efectuarán el reembolso al titular del depósito cuando lo solicite (en billetes).
- Los billetes son un pasivo del banco central: cuando los usamos para pagar cosas, el pasivo que tiene el banco central con nosotros se transfiere a la persona a la que le compramos. Pero esto sigue dejando abierta la cuestión de por qué esa persona acepta, a su vez, de buen grado que el banco tenga ese pasivo con ella. Para entenderlo debemos regresar a las promesas que figuran en los billetes.
El dinero en efectivo como unidad de cuenta y reserva de valor
Durante gran parte de la historia de los bancos centrales, el valor del dinero (billetes y depósitos bancarios) se midió en términos de algún tipo de dinero mercancía. Durante la mayor parte del siglo xix y la primera parte del siglo xx, se utilizó el oro como dinero mercancía, así que el oro era la unidad de cuenta en la que se medían todos los precios, igual que el grano era la unidad de cuenta en nuestro modelo.
A lo largo de ese periodo, por tanto, la leyenda que portan los billetes del Banco de Inglaterra «yo prometo pagar al portador que lo solicite la suma de x libras» equivalía a la promesa (que podía exigirse de verdad) de pagar una cantidad específica de oro.
En las economías modernas, el dinero físico en sí mismo ya proporciona la unidad de cuenta (dólares, euros o rupias). Como los depósitos bancarios se pueden transformar en billetes si así se solicita, se miden en los mismos términos.
Y, aunque el dinero bancario y la moneda se usan indistintamente como medio de intercambio y como reserva de valor, es la moneda la que sostiene el sistema bancario (como lo hacía el grano en nuestro modelo). El dinero bancario se puede usar de estas maneras porque siempre puede cambiarse por moneda, y la moneda tiene estas funciones.
Nos basta con saber que podríamos convertir en dinero los depósitos bancarios que tenemos; lo cierto es que la mayoría de la gente no quiere hacerlo. Y no habría suficientes billetes en circulación para que todo el mundo lo hiciera al mismo tiempo. La revista Forbes calculó que el patrimonio neto combinado de las 400 personas más ricas de Estados Unidos en 2023 ascendía a 4,5 billones de dólares, alrededor del doble del valor de todos los billetes y las monedas que hay en circulación.
Hasta las personas más ricas manejan cantidades muy pequeñas de billetes.
Fuente: CartoonStock.com
Los billetes también ofrecen una reserva de valor, aunque sea claramente imperfecta debido a la inflación. Tal como explicamos en la unidad 4, la inflación representa un aumento del coste de una cesta típica de bienes y servicios que compra el consumidor medio. Como los billetes no pagan intereses, la inflación positiva implica una pérdida progresiva de su valor en términos de poder adquisitivo real. El dinero que llevas en la cartera o que tienes en la cuenta corriente del banco es adecuado para comprar y para pagar las facturas del hogar, pero, como veremos más adelante en esta misma unidad, la gente que ahorra riqueza a largo plazo suele elegir reservas de valor más atractivas con tasas de rendimiento más elevadas.
El banco central, el sistema bancario y la política monetaria
Cuando Marco prestó grano a Julia en la sección 6.2, tuvo que confiar en que ella se lo devolvería. Las deudas se basan en la confianza y, cuando la confianza es baja, sale más caro pedir prestado o ni siquiera se puede obtener el préstamo a menos que el prestatario ofrezca una garantía. En la sección 6.4 explicamos que utilizar un banco como intermediario sería una opción mejor tanto para Julia como para Marco, porque el banco podría protegerse del riesgo de impago diversificando sus préstamos. Marco podría fiarse más de la promesa del banco de que le devolverá el dinero que de la palabra de Julia.
En un sistema bancario moderno, los bancos comerciales van más allá: garantizan no solo la devolución, sino también la liquidez. Los depósitos en cuentas corrientes tienen que reembolsarse a demanda (es decir, en cuanto quiera el depositante), y el dinero bancario se puede usar como un medio de intercambio porque los bancos transfieren de inmediato su pasivo a otros depositantes de otros bancos. Tienen la capacidad de ofrecer estas garantías y servicios porque están respaldados por el banco central, el cual sostiene la confianza en el sistema bancario proporcionando dinero primario. Los clientes de los bancos pueden confiar en que su entidad bancaria les devolverá sus depósitos en dinero primario si así lo solicitan, y los bancos pueden confiar en que el resto de bancos respetarán las transacciones realizadas con dinero primario.
- política monetaria
- Acciones de un banco central o gobierno destinadas a influir en la actividad económica mediante cambios en los tipos de interés o en los precios de los activos financieros. Véase también: expansión cuantitativa.
Pero ¿qué sucede con el valor del dinero primario en sí? ¿Qué significan en realidad las promesas que constan en los billetes? Para responder esta pregunta necesitamos regresar a la otra función clave de los bancos centrales. En la unidad 5 explicamos que un papel crucial del banco central consiste en estabilizar la tasa de inflación fijando el tipo de interés. La razón histórica por la que esta actividad se denomina política monetaria es que cuanto más eficaz es un banco central estabilizando la inflación, más fiable es su pasivo (el dinero primario del banco central) como reserva real de valor y, por tanto, como unidad de cuenta.
Además, en los países donde el banco central logra mantener la inflación cerca del objetivo que ha anunciado, la tasa de inflación a largo plazo está determinada por el banco central. La inflación seguirá reduciendo el poder adquisitivo real de una unidad monetaria en términos de bienes y servicios, pero, con una inflación baja y predecible, lo hará despacio. Con el paso de los días, las semanas o incluso los meses, la pérdida de poder adquisitivo es bastante insignificante.
De modo que una interpretación más precisa de la promesa que consta en los billetes de Reino Unido e India sería:
Yo prometo otorgar al portador la capacidad para comprar cinco libras / 500 rupias de bienes y servicios a los precios vigentes en el momento actual. Además, quienes constituimos el Banco de Inglaterra / el Banco de la Reserva de India prometemos hacer todo lo posible para controlar la inflación lo bastante bien como para que la cantidad real de bienes y servicios que se pueda comprar con este billete no cambie en exceso.
En las economías con una inflación más alta y menos predecible al mismo tiempo (que comentaremos en la siguiente unidad) se puede confiar menos en esta promesa. Como resultado, el valor de los billetes como unidad de cuenta se reduce sobremanera.
Ejercicio 6.6 ¿A qué nos referimos cuando hablamos de dinero?
Estos son algunos ejemplos del uso de la palabra «dinero» en el lenguaje cotidiano:
- «¿Llevas algo de dinero encima?».
- «¿Tienes suficiente dinero en la cuenta del banco?».
- «¿Me puedes prestar un poco de dinero?».
- «Busco un trabajo que me reporte un buen dinero».
- «Quiero invertir algún dinero para cuando me jubile».
- «No tengo suficiente dinero para llegar a fin de mes».
- «Ojalá tuviera tanto dinero como Elon Musk/Bill Gates/Mark Zuckerberg…».
Considera estos usos con atención y prueba a explicar con más exactitud qué significa el término «dinero» en cada uno de ellos. Piensa, sobre todo, si aluden a alguna de las tres funciones del dinero que hemos identificado aquí: como reserva de valor, como medio de intercambio y como unidad de cuenta.
Ejercicio 6.7 La huelga bancaria irlandesa
Los bancos de Irlanda cerraron durante más de seis meses (del 1 de mayo al 18 de noviembre de 1970) debido a una huelga. Sin embargo, en lugar de caer en un colapso financiero, la economía irlandesa siguió creciendo igual que antes. Lee los siguientes artículos y escribe un texto de 300 palabras (unos tres párrafos) en el que expliques 1) qué reemplazó al sistema bancario durante la huelga y 2) qué enseñanza se extrae de este ejemplo sobre el dinero y el crédito.
- Norman, Ben, y Peter Zimmerman. 2016. «The Cheque Republic: Money in a Modern Economy With no Banks». Bank Underground. 20 de enero.
- Cunningham, Peter. 2015. «When Ireland’s Publicans Staged a Bank Run in Reverse». The Financial Times. 4 de julio.
