Unidad 9 Desarrollo desigual a escala planetaria
9.12 Limitaciones del planeta y crecimiento sostenible
En esta sección aprenderemos que las tasas de crecimiento de la renta per cápita tanto en los países ricos, desde principios del siglo xix, como en los países más pobres, durante el reciente periodo de crecimiento convergente, tienen un rasgo clave en común. Hasta ahora, el crecimiento mundial ha requerido un aumento continuado de las emisiones de carbono. Sin embargo, hay evidencias científicas claras de que el crecimiento con un uso intensivo del carbono no es sostenible a escala planetaria. Así que nuestra pregunta es: ¿puede seguir mejorando el nivel de vida de los pobres del mundo sin reproducir este proceso de crecimiento basado en un uso intensivo del carbono?
Capitalismo, carbono y dos siglos de crecimiento económico
Aunque ya existe una tecnología para la captura y el almacenamiento del carbono, todavía se emplea tan solo de manera experimental. No es rentable ni siquiera en instalaciones con grandes emisiones, como las centrales eléctricas, y mucho menos para las emisiones a pequeña escala de vehículos y sistemas de calefacción domésticos.
Tal como se explica en la sección 2.11 del volumen de microeconomía, el crecimiento en forma de palo de hockey de la Revolución Industrial fue posible gracias a la confluencia de instituciones capitalistas y de tecnologías basadas en el carbono. Durante los últimos 200 años, los combustibles fósiles —petróleo, carbón y gas— han sido un factor esencial para el proceso de producción y, desde mediados del siglo xx, han permitido un crecimiento de convergencia muy significativo en los países más pobres del mundo. En la actualidad es prácticamente imposible quemar combustibles fósiles sin emitir dióxido de carbono como subproducto.
Como resultado, ningún país del mundo genera hoy en día productos y consumo para su población sin emitir también carbono. La figura 9.28a revela con claridad que cuanto más alto es el nivel de vida de un país (medido a través del PIB per cápita en el eje horizontal), más dióxido de carbono se emite. El gráfico muestra las emisiones de CO2 de 2022 «basadas en el consumo», que tienen en cuenta las emisiones de carbono generadas por los bienes que importa un país.
Para observar cómo ha cambiado la relación entre las emisiones de carbono y el nivel de vida desde 1750 en los distintos países, utiliza la función de reproducción cronológica de la figura 9.28b. Si solo seleccionas Reino Unido, por ejemplo, verás que las emisiones de carbono per cápita aumentan con el PIB per cápita y, después, disminuyen.
Figura 9.28a Conexión entre el PIB per cápita y las emisiones de CO2 en 2022.
R. M. Andrew y G. P. Peters. 2024. The Global Carbon Project’s Fossil CO2 Emissions Dataset. Grupo del Banco Mundial. 2025. Indicadores del desarrollo mundial.
Figura 9.28b La conexión entre el PIB per cápita y las emisiones de CO2 basadas en el consumo, 1750–2022.
Our World in Data. 2022. CO2 emissions per capita vs. GDP per capita; Jutta Bolt y Jan Luiten van Zanden. 2024. «Maddison-Style Estimates of the Evolution of the World Economy: A New 2023 Update». Journal of Economic Surveys: pp. 1–41.
La fuente autorizada para investigar y aportar datos sobre cambio climático es el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (UN IPCC).
La inmensa mayoría de los científicos coincide ahora en que las emisiones de carbono y la consiguiente acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera son la causa principal del cambio climático, y en que es urgente evitar que el cambio climático vaya a más. El Acuerdo de París de 2015 reconoció que, para evitar los peores efectos del cambio climático, el aumento de la temperatura global debe limitarse a 1,5 °C por encima de sus niveles preindustriales. Los investigadores del clima calculan qué cantidad total de CO2 se puede emitir para mantener la temperatura mundial bajo control. Las políticas actuales, a fecha de 2023,1 conducen al mundo a generar más emisiones de las compatibles con ese objetivo de 1,5 °C; hoy avanzamos hacia un calentamiento que ronda los 2,5 °C.
¿Es posible elevar el nivel de vida y acabar con la pobreza del mundo sin emitir CO2?
Crecimiento económico sostenible
- crecimiento sostenible, crecimiento económico sostenible
- El crecimiento de la renta agregada (PIB) es sostenible si se da sin reducir las existencias de capital o los recursos ambientales necesarios para generar renta futura.
El concepto del crecimiento económico sostenible se basa en la idea (introducida en la sección 9.2 del volumen de microeconomía) de que lo que contamos como renta es el máximo que podríamos consumir sin pedir prestado ni reducir de otro modo el valor de nuestra riqueza. El consumo de una familia no es sostenible si se basa en la venta del coche, la vivienda y el resto de los activos que conforman su riqueza.
La ampliación 1.2 del volumen de microeconomía explica que puede decirse lo mismo de un país: la medida verdadera (es decir, sostenible) de la renta de un país tiene en cuenta la necesidad de reemplazar los bienes de capital que se agotan (se desgastan) en el proceso de producción. En el cómputo de la renta nacional, esto se hace restándole al PIB la depreciación de las existencias de capital para obtener el producto nacional neto. La unidad 1 del volumen de microeconomía también explica que ni siquiera el producto nacional neto es una medida de la renta sostenible, ya que omite el agotamiento de los recursos naturales durante el proceso de producción de bienes y servicios. Ahí mostramos, por ejemplo, que el crecimiento económico medido de Indonesia sería bastante menor si restáramos los recursos petrolíferos y forestales utilizados como parte del proceso de crecimiento de ese país.
- decrecimiento
- Quienes defienden la vía del decrecimiento sostienen que la producción y el consumo de los países más ricos deberían reducirse y redistribuirse hacia los países más pobres para preservar el planeta y repartir los recursos de un modo más equitativo.
- crecimiento verde
- El crecimiento del PIB sería «verde» si la producción se efectuara empleando tecnologías basadas en recursos ambientales renovables, en particular energías renovables, en lugar de combustibles fósiles.
Por tanto, el crecimiento sostenible es el aumento de la producción menos la cantidad de bienes de capital convencionales gastados (como la depreciación de la maquinaria) y la cantidad de recursos naturales agotados (a veces denominados capital natural). Se han propuesto dos estrategias para resolver el problema de que «capitalismo + carbono» ya no es una receta válida para lograr un crecimiento sostenible: el decrecimiento y el crecimiento verde, las cuales analizaremos en los dos apartados siguientes.
¿El decrecimiento como solución a las emisiones de carbono?
Para acceder a un resumen y una exposición útiles sobre las propuestas del decrecimiento y el crecimiento verde, recomendamos la lectura de Lenaerts et al., 2021.
El movimiento en favor del decrecimiento aporta una crítica extensa del capitalismo mundial y, en particular, de su focalización en el crecimiento del PIB. Quienes defienden esta estrategia sostienen que el PIB per cápita es una medida muy deficiente del nivel de vida que ignora los valores sociales y medioambientales importantes para el bienestar humano, así como el riesgo de llegar al colapso ecológico. Entre otras políticas y recomendaciones, proponen una «reducción redistributiva y democrática de la producción y el consumo en los países industrializados».
La resolución del problema del cambio climático no es el único objetivo del movimiento del decrecimiento. Pero podemos responder una de las cuestiones centrales que plantea: ¿nos ayudaría a resolverlo una reducción de la producción (crecimiento negativo del PIB) sobre todo en las economías de renta alta? La figura 9.28a podría instar a pensar que, si los países de la derecha redujeran su PIB, las emisiones mundiales de carbono disminuirían, al menos si la reducción de la producción en esos lugares fuera suficiente para compensar cualquier aumento en los países más pobres. En este caso, se produciría una caída del PIB mundial (decrecimiento) junto con cierta disminución de las emisiones mundiales de carbono.
Pero, incluso dejando de lado las barreras políticas que impiden reducir el PIB en los países más ricos, es evidente que la mera receta de producir y consumir menos, sin la introducción de ningún otro cambio en lo que consumimos o en cómo lo producimos, no podría resolver por sí sola el problema del cambio climático. Si el PIB mundial fuera más bajo, lo que daría lugar a una reducción proporcional de las emisiones de carbono, no nos situaríamos en una senda hacia la consecución de cero emisiones netas. Ni siquiera un crecimiento negativo del PIB sería sostenible si siguiera dando como resultado un cambio climático catastrófico.
¿Es el crecimiento verde una solución para acabar con las emisiones de carbono?
Si bien la figura 9.28a muestra que las tecnologías de producción actuales siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles y, por tanto, de las emisiones de carbono, un análisis más detenido revela algunos motivos para el optimismo. No todos los países producen y consumen de la misma manera. Entre los países con el mismo nivel de renta, algunos tienen una huella de carbono mucho mayor que otros, hasta diez veces superior o más.
Esto indica que cambiar la forma en que producimos nuestra renta —el uso de tecnologías nuevas—, en lugar de limitarnos a producir menos con la misma tecnología, puede ofrecer un camino viable para la reducción de las emisiones y el crecimiento sostenible. La figura 9.29 muestra que esos cambios han estado ocurriendo, al menos en cierta medida. Llama la atención que las emisiones mundiales de CO2 per cápita se hayan mantenido relativamente estables desde que las crisis del precio del crudo a comienzos de la década de 1970 generaron fuertes incentivos para reducir la dependencia del petróleo, mientras el PIB per cápita ha seguido creciendo. El mundo en su conjunto se ha vuelto más rico, en términos de PIB per cápita, sin que hayan aumentado las emisiones per cápita.
Figura 9.29 Variación de las emisiones de CO2 per cápita y del PIB per cápita, 1950–2023.
R. M. Andrew y G. P. Peters. 2024. The Global Carbon Project’s Fossil CO2 Emissions Dataset. Grupo del Banco Mundial. 2025. Indicadores del desarrollo mundial; Jutta Bolt y Jan Luiten van Zanden. 2024. «Maddison-Style Estimates of the Evolution of the World Economy: A New 2023 Update». Journal of Economic Surveys: pp. 1–41.
¿Cómo reconciliamos estos datos con los de la figura 9.28a, donde se observa una relación estrecha entre las emisiones de CO2 y el PIB en todos los países en 2022? La respuesta es que, a medida que los distintos países han adoptado métodos de producción que generan mucho menos carbono, la relación entre las emisiones de CO2 y el PIB en los distintos países se ha desplazado hacia la derecha. En la versión interactiva de este gráfico, la figura 9.28b, se ve que esa relación ha experimentado un desplazamiento continuo hacia la derecha desde 1970, puesto que numerosos países han incrementado su renta sin que las emisiones hayan variado en gran medida.
- desacoplamiento
- En la mayoría de los países, el crecimiento del PIB ha ido acompañado de un aumento de las emisiones de carbono. En los últimos tiempos, algunos países han experimentado un crecimiento del PIB a la vez que han reducido sus emisiones de carbono; esto se denomina desacoplamiento.
En los países de renta alta se ha producido la ruptura aparente de la relación entre las emisiones de carbono y el crecimiento del PIB, lo que se conoce como desacoplamiento, sobre todo a partir de la conferencia de Kioto de 1990 (aunque las emisiones mundiales per cápita han aumentado desde entonces). Sin embargo, sigue habiendo grandes diferencias entre países muy similares en otros aspectos. Desde 1990, las emisiones de CO2 per cápita basadas en el consumo han disminuido un 39 % en Reino Unido y una media del 28 % en la Unión Europea, pero solo un 17 % en Estados Unidos y un 9 % en Australia. En Reino Unido y la UE han disminuido las emisiones basadas en el consumo, tanto totales como per cápita (un 27 % y un 21 %); esto se denomina desacoplamiento absoluto. Cuando se logró una reducción de la «intensidad de carbono» en la producción fue gracias a la confluencia de una producción más eficiente en términos energéticos y de una proporción más baja de combustibles fósiles en el consumo total de energía. La figura 9.30 ilustra que, a partir de 1970, el consumo de energía por persona en Europa y América del Norte se estabilizó en un primer momento (recuerda que la producción estaba aumentando) y, después, disminuyó.
Figura 9.30a Consumo energético por persona desde 1970.
Administración de Información Energética de EE. UU. 2023; Instituto de Energía. 2024. Statistical Review of World Energy.
Figura 9.30b Porcentaje de combustibles fósiles en el consumo de energía a partir de 1970.
Administración de Información Energética de EE.UU. 2023; Instituto de Energía. 2024. Statistical Review of World Energy.
La caída del consumo total de energía ha ido acompañada, sobre todo en el siglo xxi, de un descenso del porcentaje de combustibles fósiles en la energía utilizada. Esto es especialmente evidente en determinados países que han adoptado diferentes estrategias para dejar de usar combustibles fósiles: en Suecia se debe sobre todo al empleo de energía hidroeléctrica (una fuente de energía que solo está disponible a gran escala en un conjunto bastante reducido de países); y en Francia, a la energía nuclear.
Sin embargo, aunque estas tendencias contribuyen un tanto a contrarrestar las implicaciones pesimistas de la figura 9.28, hay dos escollos importantes.
En primer lugar, aunque las emisiones de carbono se han estabilizado en cuanto a valores per cápita desde la década de 1970, lo relevante para el clima son las emisiones globales totales. La población mundial se ha duplicado aproximadamente durante este periodo y, por tanto, también lo han hecho las emisiones totales. Además, las previsiones de la ONU indican que es probable que la población mundial incremente su número actual en torno a un 25 % antes de estabilizarse.2
En segundo lugar, aunque las emisiones mundiales per cápita se han estabilizado, aún no han disminuido. El habitante típico del planeta sigue siendo responsable de la emisión de unas cuatro toneladas y media de CO2 a la atmósfera cada año. Como se explica en la sección 2.11 del volumen de microeconomía, lo que importa no es cuánto se emite, sino el volumen de carbono que hay en la atmósfera, y este sigue aumentando de manera constante.
Hemos explicado que el decrecimiento por sí solo no es capaz de resolver el problema del cambio climático. Los datos sobre el cambio hacia tecnologías más ecológicas y menos intensivas en carbono apuntan a que el crecimiento verde ofrece una posible solución. Pero la consecución de un crecimiento sostenible a nivel mundial depende de que las instituciones mundiales y nacionales logren introducir cambios políticos y efectuar inversiones muy considerables en tecnologías con emisiones de carbono bajas o nulas.
Pregunta 9.7 Elige las respuestas que sean correctas
Lee los siguientes enunciados sobre emisiones de CO2 y crecimiento económico y elige las opciones que sean correctas.
- Muchos países de renta alta han logrado incrementar su PIB sin un aumento significativo de las emisiones totales de CO2, y las emisiones per cápita de CO2 en estos países se han estabilizado o incluso han disminuido.
- Aunque las emisiones de carbono se han estabilizado en cuanto a valores per cápita desde la década de 1970, distan mucho de hacerlo en cuanto a emisiones mundiales totales, ya que la población mundial se ha duplicado aproximadamente durante este periodo.
- La mera receta de producir y consumir menos, sin ningún otro cambio en lo que consumimos o cómo lo producimos, no puede resolver (por sí sola) el problema del cambio climático.
- El decrecimiento se refiere a la reducción de la producción y el consumo para conseguir una caída tanto del PIB como de las emisiones de CO2.
La transición energética
Lee, por ejemplo, Mark Z. Jacobson et al. 2022. «Low-Cost Solutions to Global Warming, Air Pollution, and Energy Insecurity for 145 Countries». Energy & Environmental Science 15: p. 3343 y (para consultar una visión menos optimista) Christopher T. M. Clack et al. 2017. «Evaluation of a Proposal for Reliable Low-Cost Grid Power With 100% Wind, Water, and Solar».
Más de la mitad de los jóvenes de entre 16 y 25 años encuestados en 10 países de todo el mundo en 20213 se mostró convencida de que estamos condenados a sufrir un calentamiento global catastrófico. Sin embargo, en los últimos años se ha tornado evidente (a partir de gran diversidad de estudios sobre tecnologías renovables viables) que la transición desde las energías basadas en el carbono hacia las energías renovables podría, en principio, permitir que el mundo alcance una situación de cero emisiones netas de carbono sin dejar de generar crecimiento en los ingresos reales. Pero, ¿es posible lograrlo? ¿Y lo suficientemente rápido?
La figura 9.31 ofrece una instantánea de la generación de electricidad en un solo día en California, lo que da una idea de cómo se podría hacer, pero también revela con claridad lo mucho que queda por hacer.
Figura 9.31 Suministro energético de California el 19 de mayo de 2025.
California ISO. 2025. Today’s Outlook: Supply.
En el mediodía de esa jornada en particular, la energía solar ya estaba suministrando la mayor parte de la electricidad que se consumía en California. Pero de noche, tras la puesta del sol, fue necesario que intervinieran otras fuentes de energía y, en la actualidad, cerca de la mitad del suministro nocturno procede de combustibles fósiles. Sin embargo, una fracción cada vez mayor procede de baterías que pueden recargarse durante el día. Un número mayor de baterías implicaría una dependencia menor de combustibles fósiles. Pero, para recargarlas durante el día, también se necesitarían más paneles solares o turbinas eólicas, ya que estas son las únicas formas de energía renovable que se pueden ampliar de manera más o menos indefinida.
Si retomamos la función de producción agregada de la sección 9.3, podemos dividir el factor energético necesario para la producción, \(Y\), en electricidad, \(E\), y combustibles, \(F\), (como, por ejemplo, gasolina o petróleo):
\[Y = zF(K, N, E, F,...)\]\(E\) y \(F\) son bienes intermedios: ellos mismos se producen a partir de, o bien recursos naturales renovables, o bien recursos basados en el carbono. Si consideramos en primer lugar la electricidad, podemos escribir:
\[E = E_c + E_r\]- La electricidad basada en el carbono se produce combinando carbono (\(c\)) de formas diversas (carbón, gas o petróleo del subsuelo terrestre o marino) con los tipos específicos de bienes de capital necesarios para extraerlo, transportarlo y convertirlo en electricidad: \(E_c = f_c (K_c, c)\).
- De igual manera, la producción de electricidad a partir de fuentes renovables (\(r\)) combina la energía solar, eólica o undimotriz que hay en la naturaleza con otros tipos de bienes de capital (paneles solares, turbinas eólicas, etcétera): \(E_r = f_r (K_r, r)\).
Reemplazar la electricidad generada a partir del carbono por electricidad generada con energías renovables es sencillo: son sustitutos perfectos. Y aunque también se necesita mano de obra para producir ambos tipos, la hemos omitido de las funciones de producción de electricidad porque es relativamente fácil pasar de una a otra.
Este esquema ilustra que la transición energética eléctrica requiere hacer una inversión en tecnologías y formas de capital completamente diferentes. En la actualidad, la electricidad solo representa el 20 % del consumo energético mundial, pero podríamos efectuar un análisis similar de \(F\), distinguiendo entre combustibles fósiles y biocombustibles. La diferencia aquí es que parece poco probable que los biocombustibles lleguen a ser lo bastante rentables como para reemplazar los combustibles fósiles a gran escala. En este caso, la transición energética implicará otras sustituciones:
- Entre \(E\) y \(F\): es decir, de los combustibles fósiles a una proporción mucho mayor de electricidad generada a partir de fuentes renovables y distribuida mediante el empleo generalizado de baterías; por ejemplo, la sustitución de vehículos que usan gasolina y diésel por vehículos eléctricos. Esto se denomina electrificación.
- De la energía (\(E\) y \(F\)) al capital y la mano de obra. Tal como ilustra la figura 9.30a, el consumo energético por persona ya está disminuyendo en algunos países. Esto puede ocurrir a través de una producción más eficiente —con menos gasto de energía— o mediante cambios de comportamiento y de hábitos de consumo, por ejemplo, el empleo de productos más duraderos o el paso de bienes manufacturados a servicios.
En ambos casos, la sustitución volverá a requerir tecnologías, infraestructuras y tipos de capital nuevos.
Inversión adicional para una transición energética a escala mundial
El ejemplo de California evidencia que la transición energética es posible. Pero la única vía que tiene la humanidad para enfrentarse con éxito el cambio climático es mediante inversiones considerables en bienes de capital nuevos: ampliación de la infraestructura para la transmisión de la electricidad, baterías, plataformas solares, turbinas eólicas, etc. Para cumplir con los objetivos climáticos, el mundo en su conjunto debe invertir una media de 6,5 billones de dólares anuales hasta 2030. Aparte de financiar la transición energética, esta inversión tiene que cubrir medidas de adaptación y resistencia al cambio climático, como infraestructuras capaces de soportar un calor extremo e inundaciones.
Tal como expusimos en la sección 9.5, la única forma de obtener más capital a una escala nacional y planetaria es ahorrar más. En este caso está claro que el aumento de los ingresos reales facilitaría en lugar de obstaculizar el proceso, ya que una renta más alta permite un mayor ahorro sin necesidad de reducir el consumo. Se calcula que, para realizar las inversiones necesarias para efectuar la transición a cero emisiones netas, la inversión mundial debe aumentar hasta situarse entre un 2 % y un 4 % del PIB durante las dos o tres décadas venideras.
Encontrarás más detalles sobre las necesidades de inversión para la transición energética a una escala mundial y los retos que plantea la obtención de la financiación necesaria en Bhattacharya et al. 2024 Raising Ambition and Accelerating Delivery of Climate Finance. Londres: Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment, London School of Economics and Political Science.
En los países de renta alta, la inversión debe incrementarse hasta situarla entre un 1 % y un 2 % a corto plazo, y estabilizarse en torno al 1 % del PIB hacia la década de 2040. El aumento de la inversión en los países de renta baja debe comenzar a partir de 2030 y mantenerse en niveles altos (entre el 3 % y el 5 % del PIB hasta 2050). Hay una incertidumbre considerable en cuanto a las estimaciones de la inversión adicional necesaria que se prevé, y estas reflejan el escenario dominante que se contempla en la actualidad para decidir las medidas políticas del Acuerdo de París. Por ejemplo, si la temperatura llegara a sobrepasar un calentamiento de 2 °C, se necesitaría una inversión adicional en tecnología para corregir esa situación.
Los países de renta media y baja afrontan retos mayores para realizar las inversiones climáticas necesarias, ya que suelen tener niveles de inversión más bajos y una deuda pública creciente. Para estos países, el acceso a la financiación supone un obstáculo considerable para la acción climática: según las estimaciones de Naciones Unidas, la cantidad de financiación a la que pueden acceder estos países está entre 10 y 18 veces por debajo de la que necesitan.4 Por tanto, para que la acción climática sea una empresa global, la comunidad internacional debe abandonar su sistema actual basado en ayudas y adoptar un planteamiento basado en la inversión, lo que implica crear paquetes financieros adaptados a las prioridades y necesidades de desarrollo sostenible de países específicos. Por ejemplo, la agricultura sostenible es un asunto clave para los países latinoamericanos.
Los países del África subsahariana no han experimentado un crecimiento en forma de palo de hockey. Aunque la región cuenta con alrededor del 60 % de los mejores recursos solares del mundo, ha recibido menos del 2 % de la inversión en energía limpia que se efectuó en 2023. Es necesario dinamizar la financiación a una escala mundial para aprovechar el potencial de una revolución de las energías renovables en la región, donde la transformación energética podría sentar las bases para una industrialización verde.
Aunque el coste inicial de la transición es considerable, las inversiones adicionales reportarán altos rendimientos en los próximos años. La generación de electricidad con la mayoría de las energías renovables (exceptuando la eólica en tierra) ya tiene unos gastos de capital inferiores a los del carbón, y se espera que sigan bajando. Para la mayoría de las energías renovables, el coste nivelado (es decir, el coste de suministrar una unidad de electricidad a los consumidores) se sitúa en el extremo inferior, o incluso por debajo, del rango de precios de los combustibles fósiles, como se ve en la figura 9.32.
Figura 9.32 Coste nivelado de las energías renovables (media mundial).
IRENA. 2024. Renewable Power Generation Costs in 2023. International Renewable Energy Agency.
¿Cómo se puede lograr la inversión necesaria?
Precios relativos, fiscalidad y regulación
La unidad 2 del volumen de microeconomía revela que, en las primeras etapas de la Revolución Industrial, la caída del precio del carbón en relación con el precio de la mano de obra supuso un incentivo para que las empresas invirtieran en tecnologías nuevas. Del mismo modo, la transición a las energías renovables está impulsada por cambios en los precios relativos: el precio de las energías renovables ha experimentado una caída considerable en relación con los precios de los combustibles fósiles (figura 9.32), y se prevé que continúe bajando.5 Sin embargo, esta tendencia podría invertirse si el precio de los combustibles fósiles descendiera debido, por ejemplo, a mejoras tecnológicas importantes para su extracción o a una menor demanda.
Por tanto, incluso en los países de renta alta es poco probable que las caídas de los precios relativos de las energías renovables sean lo bastante grandes o fiables como para garantizar que el cambio se producirá sin otras intervenciones de las políticas gubernamentales. El aumento del uso de energías renovables en California, ilustrado en la figura 9.31, por ejemplo, no se debió únicamente a la variación de los precios relativos, sino también a regulaciones locales que obligaron a los proveedores de electricidad a pasarse a las energías renovables.
Para ahondar en la disposición de la población general a pagar para mitigar el cambio climático y cómo se mide, lee Project 11 de Doing Economics.
Aparte de las regulaciones, los economistas llevan mucho tiempo defendiendo que se grave con un impuesto el uso del carbono para garantizar que el precio relativo de los combustibles fósiles se mantendrá lo bastante alto como para que la transición hacia las energías renovables se produzca a través de cambios voluntarios en la función de producción, y para que el precio del carbono refleje su verdadero coste social (que abordaremos a continuación en el apartado «Movimientos sociales»). Pero los votantes no se han mostrado a favor de gravar el carbono a un nivel ni remotamente cercano al necesario para lograrlo.
Movimientos sociales
Según el World Resources Institute, las ventas de vehículos eléctricos deben aumentar hasta representar entre el 75 % y el 95 % de todos los vehículos de pasajeros en circulación en 2030 para conseguir el objetivo de cero emisiones netas, que, además, es perfectamente alcanzable: las ventas crecieron un 65 % anual entre 2018 y 2023, y se necesita un 31 % adicional por año.
La demanda de los consumidores y los movimientos sociales pueden desempeñar un papel activo para la transición energética, y de hecho lo hacen, proporcionando incentivos para la inversión pública y empresarial. El cambio de las preferencias de los consumidores hacia las energías renovables ha acelerado los avances tecnológicos y la inversión en paneles solares, bombas de calor y vehículos eléctricos, así como en infraestructuras asociadas, como los puntos de recarga de vehículos eléctricos. Un estudio de empresas del sector automovilístico efectuado en 25 países reveló que, cuando los ciudadanos manifiestan su preferencia por atajar los problemas medioambientales y están dispuestos a pagar por productos más ecológicos, las empresas dan prioridad a la innovación ecológica.6
Los movimientos sociales y el activismo han logrado modificar las políticas de las personas encargadas de la toma de decisiones públicas y privadas. Así, por ejemplo, una campaña en contra de la fracturación hidráulica para la extracción de gas de lutita en Países Bajos animó al gobierno a imponer una moratoria en un primer momento y, con posterioridad, a paralizar por completo esas actuaciones en Groningen, el yacimiento de gas más grande del país. En Reino Unido, una campaña en contra de una decisión municipal para permitir la extracción de petróleo en un yacimiento local acabó provocando una decisión del Tribunal Supremo en 2024 con unas implicaciones mucho más amplias: ahora las decisiones que tomen los gobiernos locales y nacionales deben tener en cuenta las emisiones de carbono que se derivarían de la explotación de los combustibles fósiles.
Creación de instituciones sostenibles
Un tema clave de secciones anteriores de esta unidad es que las instituciones, al igual que el capital, han sido cruciales para el crecimiento del nivel de vida desde la Revolución Industrial. Sin las instituciones adecuadas, tal vez no se produzca ninguna inversión de capital en absoluto y, aunque se produzca, hay pruebas sólidas de que las diferencias en cuanto a instituciones tienen una repercusión enorme en la productividad tanto del capital como de la mano de obra. De forma análoga, las instituciones también son fundamentales en todo el proceso para combatir el cambio climático.
Las diferencias en cuanto a instituciones, incluidas las opciones políticas, así como las diferencias en cuanto a especialización comercial (por ejemplo, el procesamiento de minerales) y a recursos naturales (como la energía hidroeléctrica) explican las diferencias entre países que se muestran en la figura 9.28: países con niveles similares de renta imponen al mundo unos costes en emisiones radicalmente distintos.
Retos institucionales y políticos de la transición energética
- externalidad, efecto externo
- Un efecto externo se da cuando la actuación de una persona aporta un beneficio o supone un coste a otras, y ese coste o beneficio no fue tenido en cuenta por quien realizó la acción. Las externalidades también se denominan efectos externos.
- free-rider
- Aquella persona que se beneficia de las contribuciones de otras a algún proyecto cooperativo sin que ella misma aporte nada.
El cambio climático es el resultado de la acumulación de dióxido de carbono (y otros gases de efecto invernadero) en la atmósfera desde el comienzo de la Revolución Industrial en Gran Bretaña. Es un efecto externo de las decisiones que toman las personas sobre lo que consumen y de las decisiones que toman los propietarios de empresas sobre lo que producen, y posiblemente sea el mayor efecto externo que ha afrontado la humanidad en toda su historia. Como se analiza en la sección 10.4 del volumen de microeconomía, la resolución de los problemas de externalidad requiere a menudo algún tipo de intervención gubernamental —impuestos o regulaciones— para que los individuos tengan en cuenta los costes o beneficios externos de sus decisiones. Pero, por si fuera poco, el cambio climático es un efecto externo a escala mundial. Y, sin embargo, ningún país individual puede resolverlo de manera independiente; de ahí que también exista un grave problema de aprovechados que actúan como free-rider entre los países que deciden sus propias políticas nacionales.
Como explicamos en la sección 4.14 del volumen de microeconomía, la negociación (también la que se efectúa entre naciones) ofrece una solución al problema de la coordinación entre países, y hay ejemplos pretéritos importantes de cooperación y negociación internacionales que han ayudado a contener, o incluso eliminar, algunas externalidades. Si no seguimos una estrategia similar, el cambio climático será bastante más difícil de abordar.
Muchos de los procesos físicos asociados al cambio climático tienen la naturaleza de un sistema con múltiples equilibrios y puntos de inflexión (consulta la unidad 8, incluida la sección 8.11 para ver el caso del hielo marino del Ártico en verano y otros ejemplos en la figura 8.26). Cuando hay puntos de inflexión medioambientales, el objetivo de las políticas es garantizar que exista un equilibrio sostenible y que no se desencadene un proceso de colapso medioambiental desbocado. La sección 8.12 explica que, ante la gran incertidumbre sobre dónde radican con exactitud los puntos de inflexión medioambientales, es necesario adoptar políticas prudentes o protectoras, además de las políticas destinadas a combatir los efectos externos. Confiar tan solo en políticas que comparan los costes y beneficios sociales marginales, como hace el tratamiento tradicional de las externalidades, no es adecuado ante problemas con puntos de inflexión potencialmente catastróficos.
Las políticas que podrían adoptarse para transitar hacia una senda de crecimiento verde sostenible deben ser ellas mismas sostenibles, lo que en los países democráticos significa que necesitan contar con el respaldo de la ciudadanía un año detrás de otro. Si se grava el carbono con un impuesto de forma aislada, se provoca una reducción desproporcionada de la renta de la población pobre. De ahí que los impuestos al carbono hayan sido hasta ahora impopulares en muchos países, incluso entre las personas con más renta. Sin embargo, en principio, la introducción de un impuesto al carbono que distribuya los ingresos recaudados a partes iguales entre toda la ciudadanía hace que esa política pase de ser regresiva a ser progresiva, lo que beneficia a una mayoría considerable de la población. Un estudio reciente sobre Canadá,7 el único país que ha aplicado esta política hasta ahora, reveló que la combinación de un impuesto al carbono y un dividendo para la ciudadanía aumentaría la renta del 80 % más pobre de la población.
Puesto que el cambio climático afecta a todos los sectores de la economía, se necesita un planteamiento a nivel institucional que abarque todo el sistema, en lugar de políticas aisladas en sectores específicos. Esto incluye instituciones que coordinen la inversión entre el sector público y el privado (como bancos nacionales de desarrollo), así como instituciones que coordinen acciones climáticas entre países (como mercados internacionales de carbono).
Ejercicio 9.15 Preocupación pública sobre el cambio climático
Usa los datos y la información de este artículo de Our World in Data para responder las siguientes preguntas sobre tu país (o el país de tu elección).
- ¿Qué diferencias encuentras entre la preocupación pública sobre el cambio climático en tu país y en otros países?, ¿y en cuanto al apoyo que reciben las políticas destinadas a combatir el cambio climático?
- Descarga los datos relevantes de la página en internet de Our World in Data y elabora gráficos que muestren la postura de tu país frente a la de otros países en cuanto a preocupación y apoyo público. Comenta los patrones que detectes (por ejemplo, semejanzas o diferencias entre distintos niveles de renta o regiones).
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Ritchie, Hannah. 2023. «How Much CO2 Can the World Emit While Keeping Warming Below 1.5°C and 2°C?». Publicación en línea en OurWorldinData.org. ↩
-
Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (ONU DAES), División de Población. 2024. World Population Prospects 2024: Summary of Results. Naciones Unidas. ↩
-
Hickman, Caroline, et al., «Climate Anxiety in Children and Young People and Their Beliefs About Government Responses to Climate Change: A Global Survey». The Lancet Planetary Health 5(12): pp. 863–873. ↩
-
UNDP (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). 2024. What is climate change adaptation and why is it crucial? 30 de enero. Naciones Unidas. ↩
-
Rupert Way, Matthew C. Ives, Penny Mealy y J. Doyne Farmer. 2022. «Empirically Grounded Technology Forecasts and the Energy Transition». Joule 6(9): pp. 2057–2082. ↩
-
Philippe Aghion, Ralf Martin Benabou y Alexandra Roulet. 2023. «Environmental Preferences and Technological Choices: Is Market Competition Clean or Dirty?». AER Insights 5(1): pp. 1–20. ↩
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