Unidad 10 El Estado como agente económico: economía, política y administración pública

10.4 Preferencias políticas y competencia electoral: el modelo del votante mediano

En esta sección, desarrollamos un modelo que ayuda a explicar las prácticas que los partidos políticos adoptan cuando compiten en elecciones democráticas. Lo que denominamos el modelo del votante mediano explica dos observaciones habituales.

En primer lugar, en los países democráticos en los que la distribución de las rentas de mercado (es decir, antes de impuestos y de transferencias públicas) es muy desigual, con frecuencia los gobiernos adoptan políticas tendentes a reducir la desigualdad. Para entender la razón de eso, imagina un país en el que se apliquen las políticas que prefiere la mayoría y en el que la distribución de las rentas sea tal que haya dos ciudadanos muy ricos y ocho pobres. El electorado —pobres en su mayoría— de ese país se inclinaría por elevar los impuestos sobre la renta a fin de financiar transferencias a los menos pudientes o de ofrecer bienes públicos a toda la población. Esto no sería tan así si todo el mundo tuviera un nivel de renta similar.

En segundo lugar, uno de los misterios de la política es que, en sistemas electorales bipartidistas, los programas de ambos partidos suelen ser sorprendentemente parecidos. Esa similitud suscita la crítica de que la democracia no ofrece la posibilidad real de elegir. Estos son algunos ejemplos:

  • ¿Cómo de grande debería ser el aparato del Estado? Al Partido Laborista y al Partido Conservador de Reino Unido les separan diferencias sustanciales en los objetivos y los valores políticos —sobre el tamaño adecuado del Estado, por ejemplo— desde el final de la Segunda Guerra Mundial. No obstante, volvamos a la figura 10.2, que muestra el aumento del tamaño del Estado en Reino Unido desde el punto de vista de los ingresos fiscales. La variación más importante fue el incremento registrado durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, se pueden observar los altibajos del gasto en los años de gobiernos laboristas y conservadores, pero el tamaño del Estado no ha cambiado mucho.
  • ¿Qué deberían hacer los órganos del Estado? En el estado indio de Kerala, el gobierno estatal elegido ha alternado durante el último medio siglo entre el Partido del Congreso de signo centrista (y sus aliados) y el Partido Comunista (y sus aliados). Desde la primera elección de un gobierno liderado por los comunistas, el poder ha cambiado de manos siete veces. En este tiempo, las prioridades fundamentales de los sucesivos gobiernos han variado poco, afianzando un gran énfasis en la enseñanza, la salud y otros servicios públicos.

Para entender por qué los gobiernos democráticos suelen redistribuir rentas a los menos pudientes y por qué los partidos políticos a veces adoptan políticas «parecidas», describimos un modelo simple, llamado modelo del votante mediano, que ilustra la manera en que los partidos deciden posicionarse en el espectro político. En una democracia, los partidos políticos compiten por los votos de la ciudadanía con sus programas electorales, donde recogen las políticas que llevarán a cabo si son elegidos. El modelo del votante mediano nos permite analizar cómo las estrategias de los partidos, combinadas con las preferencias del electorado, determinan el resultado.

El votante mediano y los programas electorales en una democracia ideal

Nuestro modelo fue desarrollado en su origen por el economista Harold Hotelling para analizar la ubicación de las tiendas a lo largo de una línea de ferrocarril. En su artículo, Hotelling también aplicó su modelo de competencia a los programas políticos del Partido Demócrata y del Partido Republicano en Estados Unidos.1

Piensa en una situación en la que solo hay dos partidos. El partido A representa la «izquierda» política (prefiere impuestos más altos y más gasto público, por ejemplo), mientras que el partido B es la «derecha» (a favor de impuestos más bajos y menos gasto público). Si suponemos que los partidos solo se preocupan por ganar las elecciones, ¿en qué condiciones ofrecerán programas distintivos adaptados a sus grupos fundamentales de partidarios? Y si ofrecen programas parecidos, ¿en qué punto del espectro político se situará cada uno?

Vamos a diseñar un modelo de las elecciones como un juego entre los dos partidos, con un sistema de gobierno de mayoría simple, en el que gana el partido que obtenga el mayor número de votos.

Imagínate a todas las personas con derecho a voto una junto a otra, ordenadas por su preferencia política: el elector más «izquierdista», que es partidario del sector público más grande, en el extremo izquierdo de la línea; los electores «moderados» en el centro; el votante más «derechista», con una preferencia por un tamaño mínimo del Estado, en el extremo derecho.

En un principio, vamos a suponer que los electores están distribuidos de manera uniforme a lo largo de la línea: cada uno es ligeramente diferente a quienes tiene inmediatamente a su lado.

Supón que para estas elecciones el partido A ha publicado su programa, que lo sitúa en el punto A0 en el lado izquierdo de la línea de la figura 10.3 y refleja las preferencias de sus miembros y de sus partidarios intermedios. Para el votante situado en este punto de la línea, el programa del Partido A es perfecto; a otros votantes les satisface cada vez menos a medida que aumenta su distancia con respecto a A0. ¿Qué debería hacer el partido B?

Supón que B también se decide por el punto que mejor refleja las preferencias de sus miembros, por lo que se sitúa en el punto B0 hacia el lado derecho. ¿Qué sucedería en las elecciones?

Todos los votantes situados a la izquierda de A0 votarían al partido A, que es el más cercano a sus preferencias personales. Y todos los que se hallen a la derecha de B0 votarían al partido B. De quienes se encuentran entre los dos partidos, la mitad están más cerca de A, por lo que votarían a A, mientras que la otra mitad se decantarían por B. Por lo tanto, B gana las elecciones.

Este gráfico muestra una línea horizontal que representa el espectro político desde la izquierda hasta la derecha, con el centro marcado por una línea discontinua vertical. El punto A0 se encuentra a la izquierda del centro, mientras que B0 está a la derecha del centro, más cerca del centro que A0. Por debajo de la línea, dos flechas etiquetadas como votantes de A se encuentran en A0: una flecha discurre desde el extremo izquierdo del espectro hasta A0, y la otra, desde el punto intermedio entre A0 y B0 hasta A0. Dos flechas etiquetadas como votantes de B se encuentran en B0: una discurre desde el extremo derecho del espectro hasta B0, y la otra flecha, desde el punto intermedio entre A0 y B0 hasta B0. Con esta disposición, el partido B gana las elecciones.
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Figura 10.3a El partido B gana las elecciones.

equilibrio de Nash
Resultado económico en el que ninguno de los individuos implicados podría mejorar su situación cambiando unilateralmente su propia acción. En teoría de juegos se define en términos más formales como un conjunto de estrategias individuales que tiene la propiedad de que cada una de ellas es una mejor respuesta a las estrategias adoptadas por los demás jugadores. Véase además: teoría de juegos.

No obstante, si la principal motivación de ambos partidos es el deseo de ganar las elecciones, este resultado no puede ser un equilibrio de Nash. Dada la posición del partido B, el partido A habría preferido situarse más cerca del centro del espectro. Si A hubiera optado por algún punto más próximo al centro que B, A habría ganado.

De hecho, cuando A publicó su programa electoral, podría haber previsto que, una vez que se hubiera posicionado en la mitad izquierda de la línea, a B le habría bastado con elegir un punto más cercano al centro que A para ganar. La única manera que tendría A de impedir la victoria de B sería situarse en el centro de la línea. Entonces, como sería imposible acercarse al centro más que A, B elegiría el mismo punto. Para los votantes sería indiferente elegir entre los dos partidos, por lo que en esencia el resultado de las elecciones sería aleatorio: cada partido tiene las mismas posibilidades de ganar.

Este gráfico muestra una línea horizontal que representa el espectro político desde la izquierda hasta la derecha, con el centro marcado por una línea discontinua vertical. El punto A* se encuentra en el lado izquierdo del centro, mientras que B* está en el lado derecho del centro y ambos partidos se sitúan uno junto a otro a cada lado del centro. Por debajo de la línea, una flecha etiquetada como Votantes de A va desde el extremo izquierdo del espectro hasta el centro, y otra fecha, etiquetada como Votantes de B, va desde el extremo derecho hasta el centro.
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Figura 10.3b Equilibrio de Nash.

El que ambos partidos se sitúen uno junto a otro a cada lado del centro (como en la figura 10.3b) es el equilibrio de Nash de este juego, tanto si un partido publica su programa electoral antes que el otro (el caso expuesto más arriba), como si los dos informan de su posición (programa) al mismo tiempo. Con este resultado, a ningún partido le puede ir mejor, dada la elección de su oponente. Ambos partidos proponen políticas que corresponden al centro del espectro izquierda–derecha.

El modelo pone de relieve que los electores situados en el centro del espectro político izquierda–derecha tendrían ante si dos programas electorales muy de su agrado. Quienes se encontraran más alejados del centro tendrían que elegir entre las dos opciones. La de su lado del centro sería un poco mejor que la del otro lado, pero ninguna les gustaría mucho.

mediana
Cuando se ordena un conjunto observaciones, la mediana se encuentra en el punto medio: la mitad de las observaciones cae por encima de ella, y la otra mitad, por debajo. Dicho de un modo más preciso, si el número de observaciones es impar, la mediana es el valor de la observación situada en el centro; si el número de observaciones es par, la mediana es el punto medio entre las dos observaciones centrales.

Cuando los números de una serie están dispuestos por orden, la mediana es el número central: la mitad de los números están por encima de él y la mitad por debajo. En este modelo, los votantes están organizados por orden de sus preferencias. Como están distribuidos de manera uniforme a lo largo de la línea, el votante mediano está en el punto intermedio, con la mitad de los votantes a cada lado.

La persona situada en el centro —llamado votante mediano— tiene dos ventajas. Por un lado, va a elegir entre dos programas electorales muy próximos a su preferencia.

Además, el votante mediano es un votante «bisagra», decisivo. Para entender la razón, piensa en un votante que se halla en el extremo derecho de la línea. Si este votante se desplazara un poco hacia la izquierda, no tendría efecto alguno sobre el equilibrio de Nash. Por contra, si el situado en el centro se desplazase ligeramente a la izquierda, habría más votantes en el lado izquierdo que en el derecho y los partidos querrían desplazar sus posiciones también.

En política, cuando los votantes bisagra cambian sus preferencias políticas solo un poco, pasando al otro lado de los partidos del centro, estos se mueven también. Las variaciones de las preferencias políticas de otros votantes también tienen trascendencia, pero alguien alejado del centro no influye en los programas electorales a menos que sus preferencias cambien lo suficiente como para cruzar el centro hacia el «otro lado». Y a los partidos políticos les resulta más rentable dirigirse a votantes bisagra porque no hace falta que cambien sus preferencias mucho.

Ejercicio 10.3 Competencia política: hipótesis con tres partidos

Supón que hay dos partidos políticos, A y B, que ocupan el centro del espectro político izquierda–derecha (como en la figura 10.3b). Van a mantenerse ahí porque eso es un equilibrio de Nash. Sin embargo, ahora resulta que se crea una tercera formación política, el partido C.

  1. ¿Dónde elegirá situarse el partido C dentro del espectro izquierda–derecha?
  2. Describe cómo reaccionarán los partidos A y B. ¿Qué decidirá hacer el partido C a continuación? Dibuja un gráfico como el de la figura 10.3b para ilustrar tu respuesta.
  3. Explica si existe o no un equilibrio de Nash en esta situación hipotética con tres partidos.

Un modelo más realista de competencia política

El modelo del votante mediano predice que los programas políticos se parecerán y reflejarán las preferencias del votante mediano. Aun así, presenta una visión muy limitada de la competencia política. Los partidos no siempre se desplazan hacia el centro ni ofrecen programas idénticos. Por ejemplo, las elecciones con dos candidaturas de Estados Unidos en 2016 y Francia en 2017 se dirimían entre un candidato nacionalista que rechazaba la inmigración (Donald Trump y Marine Le Pen) y un candidato que estaba a favor del comercio internacional y apoyaba la tolerancia con las «personas de fuera» (Hillary Clinton y Emmanuel Macron).

Igual que los modelos de competencia entre empresas (descritos en las unidades 7 y 8 de La economía 2.0: microeconomía) pasan por alto muchas de las formas en que las empresas compiten en realidad (por ejemplo, publicidad, innovación o presión al gobierno por una legislación favorable), el modelo del votante mediano deja fuera algunos de los factores que afectan a la competencia política en la práctica.

La limitación más importante del modelo del votante mediano es que parte de la suposición de que los votantes van variando a lo largo de una sola dimensión de preferencias —por ejemplo, a favor de impuestos más altos o más bajos— y no de múltiples dimensiones, por ejemplo, los impuestos y el papel de la religión en el Estado. Con dos o más dimensiones, ni siquiera podemos definir al votante mediano. Se trata de una deficiencia importante del modelo y no resulta fácil de resolver con modelos más complicados.

Aun así, conviene intentar resolver algunas de las carencias del modelo básico anterior para que tenga en cuenta cuatro hechos:

  • No todo el mundo vota. Si ningún programa electoral es atractivo para un elector, puede abstenerse; además, en muchos países las personas menos pudientes —las que se beneficiarían de un aumento del gasto público— se enfrentan a barreras para votar.
  • Los programas electorales se deciden para conseguir contribuciones económicas con las que pagar los gastos de campaña que ayudarán a conseguir votos. Así que también es importante acercarse a la opinión de quienes tienen el dinero.
  • Los líderes de los partidos políticos se preocupan de defender políticas en las que creen. Ser elegidos en el presente no es la única razón por la que están en política.
  • Los votantes no están distribuidos de manera uniforme. Puede haber una concentración mayor en algunas partes del espectro político que en otras.

Por ejemplo, si en una sociedad votar implica ciertos costes y en promedio los votantes de izquierda son más pobres, habrá más probabilidad de que no voten las personas con preferencias más a la izquierda del espectro. En ese caso, habría menos votos emitidos por electores del lado izquierdo de la línea que por los del lado derecho. El votante mediano sería aquel cuyas preferencias se encuentren en la mitad (con igual número de votantes a cada lado) de los que en realidad votan. Y ese votante estaría en el lado derecho del espectro político. En equilibrio, ambos partidos se encontrarían en esa posición (más a la derecha).

Para adaptar el modelo por completo para contemplar esta posibilidad, tendríamos que especificar cómo las campañas electorales influyeron en las decisiones de los votantes.

A continuación, supón que algunos votantes pueden contribuir a una campaña electoral. Tendrían más influencia en la decisión sobre el posicionamiento de los partidos y estos adaptarían sus programas electorales para acercarlos a las preferencias de esos votantes. Los dos partidos se situarían uno junto al otro igual que antes, pero en una posición más cercana a quienes podrían contribuir a su campaña electoral. Esas contribuciones podrían ser en forma de dinero o de tiempo dedicado a la campaña.

Lo mismo sucedería si hubiese una probabilidad mayor de que ciudadanos descontentos de un extremo del espectro se involucrasen en otras actividades políticas, como manifestarse o criticar los programas electorales. El deseo de atraer, o tal vez acallar, a esos votantes descontentos sería otro imán que tiraría de los programas de ambos partidos en su dirección.

En los ejemplos planteados hasta ahora, los dos partidos siguen eligiendo programas parecidos. Ahora supón que los votantes están más polarizados, por lo que, en lugar de hallarse distribuidos de manera uniforme, la mayoría de ellos están en un grupo situado más a la izquierda o en uno más a la derecha. Supón también que los votantes pueden abstenerse si ningún partido se acerca lo suficiente a sus preferencias personales. Para conseguir los votos de los que están en su propio lado del espectro, los partidos podrían elegir programas diferentes uno de otro. En la versión del modelo que tiene en cuenta las contribuciones a la campaña, podría llegarse a un resultado similar: los partidos podrían elegir situarse más cerca de sus posibles contribuyentes.

Por último, además de querer ganar las elecciones, normalmente a los líderes de los partidos les importa el programa electoral. Podrían estar dispuestos a correr el riesgo de perder votantes en un extremo del electorado para adoptar una posición más acorde con sus valores personales.

Ejercicio 10.4 Equilibrios de Nash en el modelo del votante mediano

Analiza la hipótesis de las elecciones con dos partidos ilustrada en la figura 10.3b. Explica si situarse en el centro del espectro izquierda–derecha sigue siendo un equilibrio de Nash en los siguientes casos. De darse un equilibrio de Nash diferente, dibuja un gráfico que refleje tu respuesta.

  1. Supón que los electores solo votarán a partidos políticos que se encuentren dentro de una distancia determinada en el espectro; si ningún partido cumple esa condición, optarán por no votar.
  2. Supón que, en lugar de haber una distribución uniforme por todo el espectro, existe una concentración de votantes en cada extremo.
  3. Supón que los votantes están repartidos de manera uniforme por todo el espectro, pero los situados en el extremo izquierdo solo votarán a partidos que estén dentro de cierta distancia (en caso contrario, decidirán no votar a ninguno), mientras que los del extremo derecho siempre votarán al partido más próximo, sin importar la distancia que los separe.

Pregunta 10.3 Elige las respuestas que sean correctas

La figura muestra tres situaciones diferentes con dos partidos políticos (A y B) atendiendo a donde se encuentran sobre el espectro izquierda–derecha. Teniendo en cuenta esta información, lee los siguientes enunciados y elige los que sean correctos.

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  • Cuando el partido A se sitúa en A0 y el partido B lo hace en B0, A atraerá a más votantes que B.
  • Cuando el partido A se sitúa en A0 y el partido B lo hace en B1, B atraerá a más votantes que A.
  • El equilibrio de Nash cambiaría si todos los votantes que hay en el extremo derecho del espectro se acercasen a medio camino hacia Bn.
  • Los votantes que deciden no votar nunca (y que no cambiarán de idea) no influyen en la posición de los partidos políticos.
  • El partido B es el más cercano para más de la mitad de los votantes.
  • El partido B atraerá a todos los votantes que haya a la derecha de su posición, que resulta evidente que son más de la mitad de los votantes totales.
  • Tanto el partido A como el B seguirán siendo el más cercano para exactamente la mitad de los votantes. Si alguno se desplaza a otra posición, disminuirá el número de votantes a los que atrae.
  • Al partido A y al partido B solo les preocupa atraer a tantos votantes como sea posible. Como los que nunca votan (a ninguno de los dos partidos) no influirán en el número de votos emitidos (y no hay posibilidad de convencerlos para que voten), ninguno de los partidos los tendrá en cuenta al decidir su posición en el espectro.

Votación sobre bienes proporcionados por el Estado

Al votar para elegir un gobierno, los votantes tienen la oportunidad de evaluar el nivel de gasto financiado con impuestos que los partidos políticos que concurren a esas elecciones proponen destinar a bienes proporcionados por el Estado —enseñanza, defensa e infraestructuras de transporte, por ejemplo—. Si el nivel de tributación es la única dimensión a lo largo de la cual varían las preferencias de los votantes y si la renta disponible después de impuestos y transferencias es la única preocupación de los votantes, podemos aplicar el modelo del votante mediano para obtener una predicción del resultado electoral.

beneficio privado marginal (BPM)
Beneficio que conlleva la producción o el consumo de una unidad adicional de un bien a un productor o un consumidor, respectivamente. Se denomina beneficio privado marginal (BPM) para destacar que no incluye los beneficios externos que conlleven para otros. Véase también: beneficio externo marginal, beneficio social marginal.

Vamos a suponer que cada votante obtiene el mismo beneficio del gasto público, \(G\). La línea con pendiente negativa de la figura 10.4a muestra el beneficio privado marginal en términos monetarios, es decir, el beneficio en dinero que un votante individual obtiene de una unidad adicional de gasto público. Cuando \(G\) está en un nivel bajo, el beneficio de una unidad extra es alto; cuando \(G\) ya es alto, el beneficio de aumentarlo más aún es relativamente pequeño.

Supón que el gasto público, \(G\), se financia con un impuesto sobre la renta de carácter proporcional, por lo que cada votante paga la misma proporción de sus ingresos. El coste de una unidad de gasto público es 1 (por definición; un dólar de gasto público cuesta un dólar). Imagina, en primer lugar, que hay \(N\) votantes y cada uno tiene ingresos de la misma cuantía. No existe desigualdad y todo el mundo paga exactamente la misma cantidad en impuestos. Así, el coste privado, para cada votante, de cada unidad de gasto público es \(\frac{1}{N}\).

La figura 10.4a muestra que el nivel preferido de gasto público sería \(G^*\) para todos los votantes. Cada unidad que supere \(G^*\) costaría al votante más que el beneficio que le proporcionaría. Si \(G\) estuviera por debajo de \(G^*\), el aumento de las unidades traería un beneficio que sería mayor que el coste, y el votante preferiría que se incrementase \(G\).

Este gráfico presenta el gasto público, G, en el eje horizontal y los costes y beneficios en el eje vertical. Una línea recta con pendiente negativa etiquetada como beneficio privado marginal empieza en un punto elevado del eje vertical y corta el eje horizontal en un valor positivo de G. Hay una línea horizontal etiquetada como coste privado por unidad (con los mismos ingresos e impuestos) que discurre a una altura de 1/N en el eje vertical. Las dos líneas se cortan en el punto G*, marcado en el eje horizontal.
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Figura 10.4a Nivel de gasto público que se prefiere en caso de ausencia de desigualdad.

En la realidad, los votantes tienen niveles diferentes de ingresos y pagan cantidades diferentes de impuestos en proporción a sus ingresos. Supón que \(Y\) es la renta agregada (la suma de las rentas o ingresos de los \(N\) votantes) y piensa en el votante con los ingresos más altos, \(Y_H\). Este votante pagará más que una parte igual, \(\frac{1}{N}\), del coste de cada unidad de gasto público. Con una tributación proporcional, la parte del coste que corresponde a este votante será igual a su participación en la renta agregada, \(\frac{Y_H}{Y}\). De igual modo, el votante con los ingresos más bajos será el que pague la parte más pequeña del coste, \(\frac{Y_L}{Y}\).

La figura 10.4b muestra las opciones de gasto público preferidas por los votantes con rentas altas y bajas. En general, cuanto más bajos son los ingresos de un votante, más alto será el valor de \(G\) que prefiera. Los votantes con ingresos más altos, como pagan una parte mayor del coste, preferirán un gasto público más bajo.

Este gráfico presenta el gasto público, G, en el eje horizontal y los costes y beneficios en el eje vertical. Una línea recta con pendiente negativa etiquetada como beneficio privado marginal empieza en un punto elevado del eje vertical y corta el eje horizontal en un valor positivo de G. Una línea horizontal discontinua corta el eje vertical en 1/N. Tres líneas continuas horizontales representan el coste de una unidad de gasto público para diferentes niveles de ingresos. La línea del votante con ingresos más altos corta el eje vertical en yH/Y y está situada por encima de las otras dos. La línea del votante con ingresos medianos lo corta en yM/Y, en una zona intermedia. La línea del votante con ingresos más bajos lo corta en yL/Y y está situada por debajo de las otras. Cada una de estas líneas horizontales corta la línea del beneficio privado marginal en puntos diferentes del eje horizontal, etiquetados como GH, GM y GL. A lo largo del eje horizontal, discurre un intervalo que va desde GH hasta G*L, etiquetado como preferencias de votantes.
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Figura 10.4b El intervalo de preferencias de los votantes se corresponde con el intervalo de sus ingresos.

Ahora podemos aplicar el modelo del votante mediano. Imagina a los \(N\) votantes puestos en una fila a lo largo del eje vertical por orden de ingresos, desde el votante con ingresos más bajos en el punto \(\frac{Y_L}{Y}\) hasta el de ingresos más altos en \(\frac{Y_H}{Y}\). Si denominamos \(Y_M\) a los ingresos medianos, sabemos que la mitad de los votantes tienen ingresos menores que \(Y_M\), y la otra mitad, mayores. Hemos dibujado la figura 10.4b de manera que los ingresos medianos \(Y_M\) estén más cerca de la parte inferior del intervalo que de la parte superior, tal como suele ocurrir en las distribuciones de ingresos. Por lo tanto, en el eje vertical, la mitad de los votantes se apiñan entre \(\frac{Y_L}{Y}\) y \(\frac{Y_M}{Y}\), mientras que los demás están más espaciados entre \(\frac{Y_M}{Y}\) y \(\frac{Y_H}{Y}\). El votante mediano —el que percibe los ingresos medianos— se encuentra en \(\frac{Y_M}{Y}\).

En el eje horizontal, se muestra el abanico completo de preferencias de los votantes en cuanto al nivel del gasto público. El nivel preferido por el votante mediano es \(G^*_M\). Una mitad de los votantes (los que tienen ingresos más bajos) serían partidarios de que \(G\) estuviese por encima de \(G^*_M\), y la otra mitad, por debajo.

En unas elecciones con dos partidos políticos que ofrezcan un programa diseñado para ganarlas, ambos propondrán que el gasto público esté en el nivel \(G^*_M\) que prefiere el votante mediano. Por la manera en que están distribuidos los ingresos, \(G^*_M\) es relativamente alto, más cerca del extremo superior del intervalo de gasto público que del inferior.

Hasta ahora, hemos supuesto que todos los ciudadanos pueden votar. Sin embargo, en general, el nivel de gasto público dependerá de si los derechos democráticos son iguales para todos los niveles de renta. El modelo predice que, si las personas pobres no pueden ejercer el voto o tienen menos poder para influir en el resultado electoral, los ingresos medianos de quienes sí votan serán más altos, lo que llevará a niveles más bajos de gasto y de fiscalidad, es decir, a un Estado de menor tamaño.

Dos variantes del igualitarismo: nórdico y asiático oriental

coeficiente de Gini
Medida de la desigualdad de una cantidad, como la renta o la riqueza, que va desde un valor cero (si no hay desigualdad) al valor uno (si un solo individuo la recibe toda). Equivale a la diferencia media entre, por ejemplo, los ingresos de todos los pares de individuos de una población en relación con los ingresos medios, multiplicada por la mitad. Salvo en el caso de poblaciones pequeñas, puede calcularse una aproximación al coeficiente de Gini a partir de un diagrama de la curva de Lorenz. Véase también: curva de Lorenz.

El modelo del votante mediano ofrece una explicación de un contraste llamativo. La figura 5.28 del volumen de microeconomía muestra que Finlandia, el país europeo con la distribución más desigual de la renta de mercado (antes de impuestos y prestaciones), redistribuye a las familias con menos ingresos (según la reducción del coeficiente de Gini por los impuestos y las prestaciones) una parte mayor de la renta que ningún otro país; por contra, los países europeos con la menor desigualdad en renta de mercado, a saber, Islandia y Suiza, son los que menos redistribuyen.

¿Cómo explica este contraste el modelo del votante mediano? La explicación se desarrolla en dos pasos.

En primer lugar, según el modelo de la sección anterior, cuanto menor sea la renta de mercado del votante mediano, mayor será el tipo impositivo resultante de un proceso electoral democrático con competencia entre los partidos.

Para entender el segundo punto, supón que hay tres hogares, uno rico (con unos ingresos de 10) y dos pobres, con ingresos de 1 y 2. Los ingresos medianos son 2. Compara esa situación con una distribución más desigual, en la que con los mismos ingresos medios el hogar rico recibe 12 y los pobres obtienen 0 y 1: los ingresos medianos han bajado de 2 a 1.

En segundo lugar, entre las distribuciones de la renta que observamos en el mundo, las que son más desiguales (con un coeficiente de Gini más alto, por ejemplo) tienden a tener unos ingresos medianos más bajos en comparación con los ingresos medios.

Combinando los dos pasos, llegamos a la conclusión de que, en países con unas rentas de mercado más desiguales, la competencia democrática por los votos entre los partidos políticos daría lugar (según el modelo del votante mediano) a un tipo impositivo más alto y a una mayor redistribución hacia los menos pudientes.

Eso podría explicar en parte el contraste (también reflejado en la figura 5.28 del volumen de microeconomía) existente entre los países asiáticos orientales, con Corea del Sur como ejemplo, y los nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia). Los cuatro países nórdicos tienen niveles mucho más altos de desigualdad en cuanto a renta de mercado y redistribuyen mucha más renta a los grupos de población con ingresos bajos, como predicen el modelo del votante mediano y el razonamiento anterior. De entre los países de rentas altas, Corea del Sur y Taiwán (aunque este no se representa en la figura) son los más igualitarios en rentas de mercado, y los que menos redistribuyen.

predistribución
Término que hace referencia a políticas que dan lugar a una distribución más igualitaria de los activos, de manera que la distribución de la renta resultante de la asignación de mercado, o rentas de mercado, también sea más equitativa. Por contra, la redistribución alude a políticas sobre la distribución de las rentas de mercado para implementar una distribución más igualitaria de la renta disponible.

Lo que llamamos igualitarismo nórdico son las políticas de impuestos y prestaciones que se traducen en una redistribución de las rentas de mercado. El igualitarismo asiático oriental es el conjunto de políticas —tales como la redistribución de la tierra en manos de terratenientes a agricultores sin tierra (después de la Segunda Guerra Mundial) y la rápida extensión de una enseñanza de alta calidad a toda la población— que se denominan predistribución y que dan lugar a una distribución igualitaria de los activos antes de ponerlos en uso, lo que influye de manera determinante en la distribución de las rentas en el mercado.

Las predicciones del modelo del votante mediano se ven confirmadas por algunos de los datos de la figura 5.28, pero en absoluto por todos ellos. El ejercicio 10.5 te pide que utilices los datos de la figura como base para una evaluación del modelo.

Ejercicio 10.5 El modelo del votante mediano y las cuantificaciones observadas de la desigualdad y la redistribución

La figura 5.28 del volumen de microeconomía muestra datos sobre la desigualdad en rentas de mercado y en renta disponible en numerosos países del mundo. Consulta la figura para responder a las siguientes preguntas:

  1. Identifica contrastes entre pares de países que se ajusten a las predicciones del modelo del votante mediano.
  2. ¿Qué países parecen ser más discordantes con las predicciones del modelo? Aporta posibles razones que justifiquen la discrepancia.
  1. Harold Hotelling. 1929. «Stability in Competition». Economic Journal 39, pp. 41–57.