Unidad 10 El Estado como agente económico: economía, política y administración pública

10.10 Los paralelismos entre la competencia política y la competencia económica

Los dos modelos políticos que hemos desarrollado en esta unidad —el de la élite interesada en la captación de rentas y el del votante mediano— son análogos a los modelos que sirven para entender el comportamiento de las empresas que compiten por la venta de sus productos, y mucho de lo que hemos aprendido de modelizar la economía puede iluminar también el funcionamiento de los sistemas políticos.

La élite captadora de rentas y la empresa fijadora de precios

En las secciones 10.7 y 10.8, hemos modelizado un gobierno interesado en la captación de rentas que elige un nivel impositivo, \(T\), para maximizar su renta política total, con la limitación de una curva de duración con pendiente negativa. De igual modo, en la sección 7.2 del volumen de microeconomía, una empresa elige un precio, \(P\), para maximizar su beneficio, teniendo la restricción de una curva de demanda del producto con pendiente negativa. Los objetivos del gobierno y de la empresa tienen la misma forma: \(\text{renta} = (T-C)D\) y \(\text{beneficio} = (P-C)Q\), donde \(C\) es el coste anual de los servicios públicos para el gobierno en el primer caso y el coste unitario de la producción para la empresa en el segundo (y \(D\) y \(Q\) son la duración y la producción, respectivamente). Por lo tanto, sus curvas de indiferencia tienen la misma forma y, para ambos, la mejor opción es un punto de tangencia con la frontera factible (la restricción).

En la unidad 7 del volumen de microeconomía, mostramos que el margen comercial de la empresa es inversamente proporcional a la elasticidad de la demanda al precio. Lo mismo es válido para el gobierno interesado en la captación de rentas: el margen de los impuestos por encima del coste de los servicios es inversamente proporcional a la elasticidad de la duración a los impuestos.

Un dato importante tanto para empresas como para gobiernos es que el grado de competencia limita su capacidad para aprovechar su posición. La competencia del mercado penaliza a las empresas limitando los beneficios que pueden obtener si establecen precios demasiado altos; asimismo, la competencia electoral en una democracia obliga a los políticos a ofrecer los servicios que desea el público con un coste razonable. En ambos modelos el grado de competencia se representa mediante la pendiente de la restricción: a mayor competencia, más plana es la restricción. La competencia disminuye el poder de mercado de la empresa, lo que da como resultado un precio más próximo al coste marginal; de igual modo, reduce el poder político de la élite gobernante, lo que deriva en una renta anual más baja. Llevando los paralelismos más allá, la competencia en el mercado de los productos es mayor cuando las empresas pueden perder clientes con facilidad a manos de otras empresas que ofrezcan productos parecidos a precios más bajos; igualmente, la competencia política es mayor con una democracia eficaz, cuando los gobiernos pueden perder el poder con facilidad si a los votantes no les satisfacen los niveles impositivos.

Más allá del modelo, la captación de rentas por parte del gobierno suele conllevar el uso de recursos de la economía para vigilar o reprimir a la población a fin de conservar el poder, en lugar de para producir bienes y servicios. Eso es análogo a algunas de las prácticas de captación de rentas de una empresa que desea maximizar el beneficio —publicidad o presiones al gobierno para conseguir una exención fiscal, por ejemplo—, pero se diferencia de otras prácticas que tienen el mismo fin, como la innovación, que a menudo genera sustanciales beneficios económicos.

Ejercicio 10.10 Comparación de las curvas de duración y las curvas de demanda

¿En qué se parecen y en qué se diferencian la curva de duración de la figura 10.16 y la curva de demanda a la que se enfrenta una empresa fijadora de precios tratada en la unidad 7 del volumen de microeconomía?

Grandes economistas Albert O. Hirschman

Albert O. Hirschman

Albert Hirschman (1915–2012) tuvo una vida fuera de lo común. Nació en Berlín en 1915 en una familia judía, huyó a París en 1933 después de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania y se unió a la resistencia francesa en 1939; arriesgó su vida para ayudar a muchos artistas e intelectuales a escapar del fascismo. También combatió brevemente en el bando de la República democrática durante la Guerra Civil española. En 1941 emigró a Estados Unidos.

Con estos antecedentes, no resulta sorprendente que la carrera profesional de Hirschman como economista siguiese una trayectoria poco convencional. Cambió de disciplinas con facilidad, se enfrentó a preguntas que se encuentran mucho más allá de las abordadas por economistas más convencionales y desarrolló ideas imaginativas, profundas e imperecederas.

Entre las muchas contribuciones influyentes de Hirschman, se le conoce sobre todo por la tesis planteada en su libro de 1970, Salida, voz y lealtad. Le interesaba la manera en que podía mejorarse el comportamiento de entidades como las empresas y los gobiernos.1

Identificó dos fuerzas —la salida y la voz— que podían servir para alertar a una organización de que se enfrentaba al declive y para ofrecer incentivos para su recuperación. La «salida» denota la fuga de los clientes de una empresa hacia un competidor, mientras que la «voz» hace referencia a las quejas, a la tendencia de los clientes decepcionados a «poner el grito en el cielo». Cuando una compañía tiene un comportamiento deficiente o poco ético, los accionistas pueden vender sus acciones (salida) o promover el cambio de la dirección (voz).

Hirschman observó que tradicionalmente los economistas habían ensalzado las virtudes de la salida (competencia), aunque desatendiendo la acción de la voz. Favorecían las políticas basadas en la salida, por ejemplo, las que hacían más fácil a los padres elegir el colegio al que llevar a sus hijos de modo que los colegios tuvieran que competir por conseguir alumnos.

Consideró que eso era una omisión, porque la voz podría permitir que un desliz se revirtiese con un coste bajo (en ese ejemplo, los padres tratarían de que se modificaran las normas del colegio), mientras que la salida desperdiciaría capital físico y capacidades humanas. Además, la salida no es una opción en algunos casos, como la administración de los impuestos, por lo que el libre ejercicio de la voz es crucial para un buen funcionamiento.

Después de hacer esa distinción, Hirschman exploró la interacción entre la salida y la voz. Si la salida era demasiado fácil de conseguir, la voz tendría poco tiempo para actuar. Un desliz reparable podría terminar siendo funesto para una organización. Este efecto sería mayor aún si las personas con mayor sensibilidad a la bajada del rendimiento fueran también quienes salen con mayor rapidez. En sus propias palabras, «la rápida salida de los clientes más preocupados por la calidad… paraliza la voz y la priva de sus principales agentes».

El que una salida fácil menoscabe la voz tiene algunas implicaciones interesantes en las políticas. Una empresa monopolística podría recibir con agrado algo de competencia (y salida), ya que le permitiría librarse de sus clientes más «conflictivos» y aumentar los beneficios. La disponibilidad de varios colegios privados entre los que elegir podría traducirse en un peor rendimiento en los públicos si las familias más preocupadas por la calidad sacasen a sus hijos del sistema. Un sistema nacional de ferrocarriles podría funcionar mejor si las carreteras estuviesen en mal estado, por lo que los clientes enojados no podrían salirse con facilidad, sino que trabajarían en su mejora.

La interrelación entre salida y voz se completa con un tercer factor, al que Hirschman llamó lealtad. La conexión con una organización es una barrera psicológica para la deserción. Al ralentizar la salida, la lealtad puede crear el espacio necesario para que la voz haga su trabajo. Con todo, la lealtad también pone trabas al funcionamiento si se convierte en fidelidad ciega, porque eso reprime tanto la salida como la voz. Las organizaciones fomentarán la lealtad precisamente por esa razón. Y si tuvieran demasiada eficacia al contener la salida y la voz, «se estarían privando de ambos mecanismos de recuperación».

Hirschman se mostraba muy crítico con la afirmación de que, en un sistema bipartidista, los dos partidos adoptarían programas electorales parecidos que reflejaran las preferencias del votante mediano. Esa afirmación se basa en un razonamiento que tiene en cuenta la salida y deja de lado la voz. Los votantes situados en los márgenes de un partido político no tienen ninguna opción de salida viable, admitía Hirschman, pero rechazaba la implicación de que esos votantes careciesen de poder:

En estas entradas del blog de Rajiv Sethi, puedes seguir leyendo sobre Albert Hirschman:

Cierto, no puede salir… pero solo por eso… tendrá una motivación máxima para poner en juego cualquier posible influencia con el fin de impedir… que el partido haga cosas que le parecen muy detestables… «Quienes no tienen otro sitio al que ir» no carecen de fuerza, sino que tienen poder para influir.

A Albert Hirschman le encantaba jugar con la lengua. El inglés fue el cuarto idioma que llegó a dominar (después del alemán, el francés y el italiano), pero aun así consiguió acuñar las expresiones más maravillosas. Tenía afición por inventar palíndromos (palabras o frases que se leen igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha, como ‘somos’) y le regaló una colección de ellos —bajo el título de Senile Lines y la firma de Dr. Awkward— a su hija Katya por su cumpleaños. Cuando en sus últimos años se le preguntó en qué estaba trabajando, contestó: «Acabo de empezar mis Artículos finales, volumen I».

El derecho a «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad» que figura en la Declaración de Independencia de Estados Unidos fue la inspiración de la memorable expresión «la felicidad de la búsqueda» con la que se refería a la alegría de participar en acciones colectivas. El propio ejercicio juguetón de la voz por parte de Hirschman fue en sí mismo una demostración de que con frecuencia la gente actúa no solo para obtener algo, sino también para ser alguien.

Pregunta 10.6 Elige las respuestas que sean correctas

Teniendo en cuenta las ideas de Albert Hirschman sobre la salida, la voz y la lealtad, lee los siguientes enunciados y elige los que sean correctos.

  • Las dos fuerzas de la salida y la voz funcionan en sentidos opuestos entre sí.
  • La voz puede ser un método más eficaz que la salida para impulsar el cambio.
  • Para que la voz sea una fuerza poderosa, debe haber algunas limitaciones a la salida.
  • Cuanto mayor es el grado de lealtad, más eficaz es la fuerza de la voz.
  • La salida y la voz pueden funcionar conjuntamente, como en el caso de una empresa que pasa por dificultades: los accionistas tienen la posibilidad de vender sus acciones (salida) o de promover cambios en la dirección (voz).
  • La voz puede promover cambios en las políticas que impliquen un coste inferior y menos desperdicio de recursos, como sucede en el caso de las políticas de matrícula escolar del alumnado. En comparación con las políticas de matrícula que asignan estudiantes a colegios, la competencia por captar estudiantes implicaría costes para los colegios y se desaprovecharían capital físico y capacidades humanas.
  • Si la salida resulta demasiado sencilla o fácil de conseguir, no hay tiempo para que la voz actúe. Por ejemplo, si fuera fácil cambiarse a colegios privados en caso de insatisfacción de las familias con la gestión de los colegios públicos, estos no tendrían incentivos de peso (o conocimientos técnicos) para mejorar la calidad de su enseñanza.
  • La relación no es lineal: un grado moderado de lealtad frena la salida y permite que la voz surta efecto, pero uno muy alto puede reprimir la voz (la gente no está dispuesta a hablar en contra de una organización).

La figura 10.18 resume las similitudes y las diferencias entre competencia política y económica, así como las maneras en que cada una ofrece alguna combinación de lo que Albert Hirschman llamaba salida y voz y que permitía a las personas afectadas pedir cuentas al poder.

En cada caso, comparamos los resultados que se obtienen en los dos extremos:

  • Sin competencia: la empresa es un monopolio; el gobierno es una dictadura. Solo se enfrentan a las limitaciones de que los clientes opten por no comprar y de que los ciudadanos decidan rebelarse.
  • Competencia perfecta: la empresa opera en un mercado perfectamente competitivo y la forma de gobierno es una «democracia ideal». La curva de demanda de la empresa y la curva de duración del gobierno son planas. Una empresa (o un gobierno) que sube sus precios (o impuestos) por encima del precio de mercado (o del coste de los servicios) no venderá nada (o perderá el poder de inmediato).
Variedades de competencia política y económica Curva de demanda o de duración Rendición de cuentas (salida o voz) Precio o impuesto y coste Beneficio económico o renta política Comentario
Poca competencia política (dictadura) Empinada No T > C Renta > 0 Sección 10.7
Poca competencia económica (monopolio) Empinada Salida limitada P > CMg Beneficio > 0 Unidad 7 del volumen de microeconomía
Democracia ideal (competencia entre los partidos) Plana Voz y salida T = C Renta = 0 Sección 10.8
«Competencia perfecta» entre las empresas Plana Salida P = CMg Beneficio = 0 Unidad 8 del volumen de microeconomía

Figura 10.18 Comparación entre modelos de empresas y gobiernos.

Nota: \(T\) = ingresos fiscales anuales; \(C\) = coste anual de proporcionar los servicios públicos; \(P\) = precio del bien; CMg = coste marginal del bien.

El modelo del votante mediano y la competencia en los mercados de bienes diferenciados

El modelo del votante mediano presentado en la sección 10.4 fue utilizado por Harold Hotelling para analizar el modo en que los partidos eligen su programa político, pero originalmente lo aplicó al estudio de una cuestión económica. El modelo de Hotelling es de uso muy común en economía. A menudo se aplica al problema de dos empresas competidoras que eligen una ubicación física: imagina, por ejemplo, a dos vendedores de helados que deciden dónde situarse en una playa larga en la que hay bañistas distribuidos de forma uniforme entre un extremo de la playa y el otro. El modelo básico predice que ambos vendedores decidirán situarse en el centro.

Podemos entender la ubicación de una empresa como una característica de su producto. Además del precio, los consumidores tienen en cuenta dónde se encuentra. El modelo de Hotelling puede servir para estudiar cómo las empresas competidoras eligen tanto la ubicación como el precio. Y, en un sentido más amplio, se entiende que aborda la cuestión general de si las empresas optarán por hacer productos con características parecidas a las que tienen los de la competencia o preferirán diferenciarlos.

Ten en cuenta que (al igual que su análogo en economía) el modelo del votante mediano añade un factor importante al análisis, que no se incluye en el modelo del gobierno interesado en la captación de rentas: a los votantes no les preocupa únicamente el nivel de los impuestos. La heterogeneidad de las preferencias de los votantes importa, y en una democracia, los políticos competidores tienen que prestar atención a esas preferencias.

Pregunta 10.7 Elige las respuestas que sean correctas

Acaso se pueda comparar el papel de un dictador con el de un monopolista, porque ambos obtienen rentas que intentan proteger, ya sea gastando en policía y en servicios de seguridad (el dictador), ya creando barreras de entrada (el monopolista). ¿En qué otros aspectos importantes se diferencian estos buscadores de rentas? Lee los siguientes enunciados y elige los que sean correctos.

  • El dictador trata de maximizar el beneficio para sí mismo y tal vez para sus familiares y varios grupos de interés.
  • El monopolista es una empresa privada sometida a las normas decididas por el gobierno, mientras que el dictador es el gobierno. El Estado siempre es más poderoso que una empresa individual.
  • A diferencia del monopolista, el dictador busca maximizar la renta a largo plazo manteniéndose en el poder durante tanto tiempo como sea posible.
  • Algunas de las barreras de entrada utilizadas para proteger las rentas del monopolista (por ejemplo, las economías de escala o la innovación) generan algunos beneficios económicos, pero la sociedad no obtiene ningún beneficio parecido de las barreras de entrada de una dictadura.
  • Se supone que el monopolista maximiza el beneficio para los accionistas, mientras que el dictador maximiza la renta para sí mismo (y otras personas, quizás), pero eso no representa una gran diferencia.
  • El monopolista se enfrenta a la restricción de que el gobierno tiene numerosos poderes, que puede usar legítimamente para acabar con el monopolio si su actuación se aleja demasiado del interés público. El dictador, por el contrario, es el gobierno y solo está limitado por el posible uso de la fuerza.
  • Este comportamiento es parecido al de un monopolista, que trata de proteger el beneficio por encima de lo normal el máximo tiempo posible.
  • En una dictadura, las rentas se protegen con frecuencia mediante niveles altos de gasto en policía, fuerzas armadas y servicios de seguridad. Es difícil identificar mucho beneficio social en todo eso.
  1. Albert O. Hirschman. 1970. Exit, voice, and loyalty: Responses to decline in firms, organizations, and states. Cambridge, MA: Harvard University Press [Salida, voz y lealtad: Respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y estados, trad. cast. de Eduardo L. Suárez, México: Fondo de Cultura Económica, 1977].