Unidad 5 Política macroeconómica: inflación y desempleo
5.9 Política monetaria y objetivo de inflación
- política monetaria
- Acciones de un banco central o gobierno destinadas a influir en la actividad económica mediante cambios en los tipos de interés o en los precios de los activos financieros. Véase también: expansión cuantitativa.
Ahora examinaremos con más detalle el papel que desempeña el segundo de los gestores políticos que presentamos en la sección 5.2. Los bancos centrales aplican la política monetaria introduciendo modificaciones en el tipo de interés oficial (nominal), que a su vez influye en el tipo de interés real y, por tanto, en la demanda agregada y la producción de la economía.
La distinción entre estas dos herramientas políticas no significa que tenga que haber dos gestores políticos diferentes. De hecho, hasta finales de la década de 1980 aproximadamente, los bancos centrales de la mayoría de países del mundo operaban con muy poca independencia. La política monetaria nacional, al igual que la política fiscal, estaba sometida al control más o menos directo de los gobiernos centrales. En algunos países, como China, esto continúa siendo así todavía en la actualidad.
- inflación objetivo, objetivo de inflación
- El objetivo de inflación es un tipo de política monetaria en el que un banco central cambia los tipos de interés para influir en la demanda agregada y mantener la economía cerca de una inflación objetivo que, por lo común, viene dada por el gobierno.
- independencia de bancos centrales
- Un banco central se considera independiente si tiene el control del funcionamiento de la política monetaria (ateniéndose a los objetivos de política monetaria que fija el gobierno).
En la década de 1990 se generalizó cada vez más la adopción de la política conocida como inflación objetivo por parte de los bancos centrales. Esta fue acompañada a menudo de un cambio hacia la independencia de los bancos centrales, lo que significa que los gobiernos delegaron en ellos la gestión de la política monetaria. Pero esto fue unido a la necesidad de que los bancos centrales tuvieran la orden clara de controlar la inflación dentro de un valor objetivo. Los gobiernos fijaban el objetivo de inflación, pero se encomendaba a los bancos centrales la tarea de alcanzarlo. La ampliación 5.9 expone el camino seguido hasta llegar a la independencia de los bancos centrales.
Antes de abordar los detalles de la inflación objetivo haremos una breve pausa para plantearnos por qué se produjo este cambio. Tras la inflación alta y volátil que se vivió en todo el mundo en la década de 1970, a finales de la década de 1980 se reconsideró cómo debía planificarse la política macroeconómica. La figura 5.12 proporciona alguna información esencial. Este gráfico ofrece datos sobre desempleo e inflación en Reino Unido para algunos años escogidos entre 1950 y 2022.
Tanto el desempleo como la inflación fueron bajos en las décadas de 1950 y 1960, en el extremo inferior derecho del gráfico. El desempleo cae de izquierda a derecha, igual que en el gráfico de la curva de Phillips. La primera crisis del petróleo de 1973 deparó la alta inflación de la década de 1970 (derecha superior), y la década de 1980 dio como resultado una mezcla de inflación elevada y alto desempleo que se conoce como estanflación. Es una trayectoria que en nuestro modelo refleja una combinación de desplazamientos hacia arriba en la curva de Phillips (en la década de 1970) y movimientos a lo largo de la curva de Phillips hacia la izquierda inferior (en la década de 1980). Si desplazas un dedo sobre el gráfico siguiendo la reducción de la inflación desde el valor del 15 % que alcanzó en 1980 hasta menos del 5 % en 1984, comprobarás que tuvo un coste altísimo para la economía británica: la tasa de desempleo aumentó de poco más del 6 % a casi el 12 %.
Tras haber reducido de un modo tan doloroso la inflación hasta situarla por debajo del 5 %, el gobierno adoptó en 1992 un objetivo de inflación. A partir de entonces, tanto la inflación como el desempleo fueron más bajos que durante las agitadas décadas de 1970 y 1980. Tal como explicamos en la sección 5.4, la crisis energética de 2022 supuso un desafío para la política monetaria con un objetivo de inflación.
Figura 5.12 Tasa de desempleo en Reino Unido (descendente de izquierda a derecha) y tasa de inflación en años seleccionados (entre 1950 y 2022).
UK Office for National Statistics. 2024. Hendry, D. F., 2014. «Introductory macro-econometrics: A new approach»; OCDE; «Three centuries of Macroeconomics data», Banco de Inglaterra; Banco de la Reserva Federal de San Luis. 2024. FRED.
¿Qué tasa de inflación objetivo elegir?
En la sección 4.3 analizamos por qué a la gente no le gusta que la inflación suba o sea volátil, pero también que la mayoría de la población no tiene ningún motivo para oponerse a una inflación relativamente baja y predecible mientras no repercuta en su poder adquisitivo real. Por tanto, en muchos aspectos, la elección de una tasa de inflación objetivo es un tanto arbitraria, y no todos los países han elegido exactamente la misma. Sin embargo, la inmensa mayoría de tasas de inflación objetivo se sitúa en la actualidad dentro de un rango bastante reducido que va del 2 % al 3 %.
Cuando se propone un objetivo de inflación superior al 2 %, los economistas esgrimen un argumento relacionado con el límite inferior cero (ZLB) para el tipo de interés nominal.
El límite inferior cero y el temor a la deflación
- límite inferior cero
- Esta expresión hace referencia a que el tipo de interés nominal no puede ser negativo, lo que establece en cero el límite inferior que el banco central puede fijar. Véase también: expansión cuantitativa.
Si el tipo de interés oficial fuera negativo, la población se limitaría a guardarse el dinero en efectivo en lugar de depositarlo en el banco, porque en ese caso tendría que pagar al banco por dejar su dinero en él (esto es lo que significa un tipo de interés negativo). Este es el límite inferior cero (o ZLB) del tipo de interés nominal. Esto es relevante porque, cuando la economía atraviesa una recesión profunda, cabe la posibilidad de que un tipo de interés oficial del cero por ciento no sea suficiente para conseguir un tipo de interés real lo bastante bajo como para incentivar un gasto sensible al interés y reactivar la economía. Es bastante posible que se necesite un tipo de interés negativo para generar suficiente demanda agregada para restablecer el equilibrio en el lado de la oferta.
Por ejemplo, si se necesita un tipo de interés real del −2 % para conseguir el aumento requerido de la demanda agregada, no será posible lograrlo recurriendo a la política monetaria (fijando el tipo de interés oficial en su límite inferior cero) a menos que la inflación esperada sea superior al 2 %. Si la inflación esperada es negativa (es decir, si hay expectativas de una deflación) entonces un cambio en el tipo oficial no logrará aportar el estímulo suficiente.
Recuerda que el tipo de interés real es igual al tipo de interés nominal menos la inflación esperada (la ecuación de Fisher). Así que el límite inferior cero en el tipo de interés nominal significa que el límite inferior del tipo de interés real es igual a menos uno por la tasa de inflación esperada. Y si se espera que la inflación sea negativa (deflación), entonces el tipo de interés real es positivo:
\[\begin{align*} r &= i - \pi^E \\ i_{\text{ZLB}} &= 0 \text{ %} \\ r_{\text{ZLB}} &= i_{\text{ZLB}} - \pi^E = -\pi^E \end{align*}\]Por tanto, para una tasa de inflación esperada del −1 %, por ejemplo, el tipo de interés real no puede reducirse por debajo del 1 %, que no es un valor lo bastante bajo para nuestro ejemplo. Y cuanto más rápido se espera que caigan los precios, mayor es r.
- expansión cuantitativa, flexibilización cuantitativa (QE)
- Compras de activos financieros por parte de un banco central con el fin de reducir los tipos de interés de esos activos cuando la política monetaria convencional es ineficaz porque el tipo de interés oficial se encuentra en el límite inferior cero. Véase también: límite inferior cero.
Después de la crisis financiera mundial de 2007–2009, los tipos de interés oficiales se redujeron hasta niveles cercanos a cero en muchas economías, pero eso no bastó para recuperar la demanda agregada y el equilibrio en el lado de la oferta. Los gobiernos tuvieron que intervenir con estímulos fiscales, y los bancos centrales aplicaron una política monetaria no convencional denominada expansión cuantitativa (QE) con el fin de reducir los tipos de interés de los préstamos a largo plazo. En la práctica, los tipos de interés a largo plazo se convirtieron en el instrumento de la política monetaria durante este periodo.
Para reducir la probabilidad de que la economía llegue al límite inferior cero y corra el peligro de caer en una deflación prolongada, algunos economistas abogan por que los países con un objetivo de inflación del 2 % lo suban al 4 % para dejar más margen para reducir el tipo de interés oficial en tiempos de recesión.1
Pregunta 5.7 Elige las respuestas que sean correctas
Considera los datos ficticios sobre inflación y tipos de interés que se dan en esta tabla y elige los enunciados que sean correctos.
| 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
|---|---|---|---|---|
| Tasa de inflación esperada | 0 % | 1,5 % | 1 % | 2 % |
| Tipo de interés nominal establecido por el banco central | 0 % | 0 % | 2 % | 1 % |
- El tipo de interés real cae del 0 % al −1,5 %.
- El resultado de la política monetaria del banco central depende del tipo de interés real, que ha disminuido. Esto significa que la política monetaria se volvió más expansiva, aunque el banco central no modificara el tipo de interés nominal.
- El límite inferior del interés real responde a la pregunta: si el tipo de interés nominal está en el límite inferior cero, ¿cuál es el valor más bajo que puede llegar a tener el tipo de interés real? Pues es el valor negativo de la tasa de inflación esperada, que en este caso es −1 %.
- Un aumento de la inflación esperada provocará que el tipo de interés real caiga más rápido que el tipo nominal.
¿Qué determina la tasa de inflación a largo plazo?
Tal como señalamos al final de la sección 5.2, los gestores políticos en general distan mucho de poder ejercer un control perfecto y preciso sobre la economía. Esta limitación afecta a las fluctuaciones que experimentan tanto la producción como la inflación. Sin embargo, si adoptamos una perspectiva a más largo plazo, se observa un contraste claro entre el crecimiento de la producción y la inflación.
En las unidades 9 y 10 veremos que hay razones de peso para que ni la política fiscal ni la monetaria puedan influir en la tasa de crecimiento de la economía a largo plazo, que es algo que en última instancia viene determinado por factores del lado de la oferta.
Pero cuando los bancos centrales establecen un objetivo de inflación del x %, la mejor respuesta a la pregunta de por qué la inflación siempre regresa al valor del x % anual es «porque el banco central hace que sea así».
Por ejemplo, cuando un banco central comunica la decisión de subir el tipo de interés oficial, suele justificar ese incremento diciendo, o bien que la inflación actual es demasiado alta, o bien que espera un aumento de la inflación en el futuro si no se tocan los tipos de interés. Se confía en que la subida de tipos frene la demanda agregada, aumente el desempleo cíclico y, como resultado, vuelva a bajar la inflación hasta un valor cercano al objetivo.
En la sección 5.14, mostramos que, en una economía abierta, los efectos de la política monetaria también actúan en gran medida a través del tipo de cambio. Aun así, la tasa de inflación a largo plazo sigue estando determinada por las medidas que toma el banco central para conducir la economía hacia su objetivo de inflación.
En cambio, si el banco central anuncia un tipo de interés más bajo, la explicación suele ser que existe el peligro de que la inflación caiga demasiado (posiblemente hasta niveles de deflación). Igual que una reducción de la demanda agregada y del empleo conllevan un descenso de la inflación, un aumento de la demanda agregada y del empleo hacen subir la inflación hasta un valor cercano al objetivo.
Por supuesto, tal como hemos remarcado, los bancos centrales no son infalibles. Ante un shock inflacionario, es posible que en un principio no adopten una subida del tipo de interés suficiente para volver a situar la economía en la inflación objetivo. O también es posible que reaccionen en exceso y se vean obligados a revertir el cambio aplicado. En estos casos es posible que deban explicar en qué se han equivocado. El ejercicio A5.1 de la ampliación 5.9 analiza algunos ejemplos de bancos centrales que han errado en sus decisiones.
Pero el rasgo esencial de la inflación objetivo es que se trata de un proceso continuo. Si los bancos centrales se equivocan y la inflación se aparta demasiado del objetivo, el banco central debe volver a intervenir. De hecho, en la descripción de sus funciones consta que deben seguir actuando hasta que la inflación se sitúe lo bastante cerca del objetivo.
Por tanto, mientras no se modifique la inflación objetivo y mientras la responsabilidad de mantenerla cerca del objetivo esté delegada verdaderamente en el banco central, la inflación siempre tenderá a situarse dentro de un rango estrecho de valores cercanos al objetivo, al menos a largo plazo. El banco central se encargará de que así sea.
En ambientes políticos suele decirse que el banco central proporciona un «ancla nominal» a la economía. La tasa de inflación que usan algunos bancos centrales es el índice de precios al consumo (IPC). Este índice se calcula a partir de los precios de los bienes de consumo, los cuales están afectados por políticas gubernamentales como, por ejemplo, variaciones del impuesto sobre las ventas o sobre el valor añadido o cambios en las subvenciones de determinados bienes o servicios (asistencia sanitaria, transporte público, etc.). Para garantizar que el banco central no reaccione ante la política fiscal, el Banco Central Europeo no usa el IPC como tasa objetivo de inflación, sino que emplea en su lugar el IAPC (Índice Armonizado de Precios de Consumo), cuyo cálculo no incluye los efectos de las medidas gubernamentales.
Como mostramos en la siguiente sección, es posible que un objetivo de inflación constante ofrezca una ventaja adicional. Si los hogares y las empresas de una economía saben que pueden confiar en que el banco central cumplirá con su cometido, es posible que eso «ancle» las expectativas de inflación en el objetivo de inflación fijado por el banco central. El nivel de firmeza de ese anclaje de las expectativas de inflación tendrá un efecto considerable en los costes de mantener la inflación bajo control en términos de pérdida de producción.
-
«Controlling Interest». The Economist. Actualizado el 21 de septiembre de 2013. ↩
