Unidad 7 Política macroeconómica en la economía global
7.7 Regímenes de tipos de cambio y consecuencias para la inflación en el mundo
Existe una considerable diversidad de regímenes cambiarios (y, por lo tanto, de políticas monetarias) en el mundo. Numerosos países (y cada vez más) han decidido abandonar el control nacional sobre la política monetaria, ya sea fijando el tipo de cambio o limitando sus variaciones. En la explicación del modelo Fix, hemos propuesto una hipótesis que tenía en cuenta esta tendencia: fijar el tipo de cambio ayuda a estabilizar la inflación.
Hemos presentado pruebas sólidas de países que han renunciado a su moneda (como en el caso del ejemplo que pusimos, España) o han mantenido con éxito un cambio fijo estricto (como Senegal). Estos dos países han conseguido que la inflación fuese muy próxima a la tasa de inflación media de los países de su mismo bloque monetario.
Dada la diversidad de experiencias, ¿qué fiabilidad tiene esa relación?
Tipos de cambio e inflación: en todo el espectro de regímenes
El dominio continuado del dólar estadounidense se explica en esta publicación en el blog del FMI.
La figura 7.16 muestra la relación entre el tipo de cambio y la inflación en una gran cantidad de países, que abarcan todos los regímenes monetarios descritos en la sección anterior. Se observa que ciertamente existe una correlación muy fuerte entre la tasa media de depreciación del tipo de cambio (\(\delta\), expresada aquí con respecto al dólar estadounidense) y la tasa media de inflación. La utilización de Estados Unidos como término de comparación tiene sentido por su papel dominante en los mercados financieros mundiales y por marcar un objetivo de inflación del 2 %, que adoptó oficialmente en 2012.
En los casos en los que el tipo de cambio nominal con el dólar es fijo, o está muy restringido, por definición la tasa media de depreciación, \(\delta\), está próxima a cero. La figura 7.16 muestra que de hecho hay una agrupación significativa de países con \(\delta\) próxima a cero y que, como predice la teoría, todos ellos tuvieron tasas medias de inflación próximas a la de Estados Unidos.
En el extremo opuesto, también hay un grupo (más pequeño) de países que combinan una depreciación rápida con una inflación elevada: son las economías FlexNIT. Como se ha señalado antes, para quienes viven en estos países, el control nacional de la política monetaria (y la flexibilidad que conlleva para el tipo de cambio) les ha traído inflación alta e inestable.
Todo esto suscita varias preguntas: ¿tendría sentido que esos países renunciasen a controlar su política monetaria y fijasen el tipo de cambio o simplemente abandonasen del todo su propia moneda? ¿Fijar el tipo de cambio soluciona el problema de mantener la inflación baja y estable?
De la figura 7.16 se desprende que la respuesta es sí: no nos dice que haya una relación causal, pero sí que existe una fuerte correlación entre la depreciación del tipo de cambio y la inflación.
Tanto en una zona de unión monetaria como en los casos en que el tipo de cambio está realmente fijo, la teoría y los datos muestran que la inflación se estabiliza realmente en tasas próximas a la inflación extranjera. Si, como en la figura, la economía extranjera es Estados Unidos (una economía FlexIT que casi ha estabilizado su propia tasa de inflación en torno a un 2 %), el resultado ciertamente es una inflación baja.
E incluso cuando el cambio no es fijo en realidad, la figura 7.16 muestra que aquellos países que mantuvieron su tipo de cambio nominal con el dólar dentro de una banda relativamente estrecha también tuvieron tasas de inflación relativamente bajas.
Aun así, ¿deberíamos llegar a la conclusión de que el mejor modo de resolver un problema de inflación es fijar el tipo de cambio? No necesariamente.
El modelo de inflación de las secciones 4.4 y 4.8 muestra que existe un conflicto en torno a las demandas sobre la producción por trabajador que plantean los trabajadores, los propietarios y los extranjeros (el coste de las importaciones). Este conflicto se resuelve en el equilibrio del lado de la oferta, en la intersección de las curvas WS y PS, donde existe un determinado nivel de desempleo y de salarios reales. La inflación sube cuando el salario en la curva WS se encuentra por encima de la curva PS, ya sea por choques de demanda o de oferta. Cuando el gobierno usa la política macroeconómica para bajar la inflación, la contrapartida es el aumento del desempleo, como se muestra en las secciones 5.3 y 5.5.
A menos que la variación del régimen cambiario esté vinculada a la voluntad y la capacidad del gobierno de soportar los costes en cuanto al aumento del desempleo y posiblemente al alargamiento de la recesión, es poco probable que variar el régimen cambiario (y la política monetaria) dé resultado. Por sí solo, un régimen cambiario distinto no es una solución milagrosa, como muestran los siguientes ejemplos.
Ejemplo 1: cómo afrontaron el problema de la inflación España en la zona euro y Reino Unido fuera de ella
Si nos fijamos únicamente en la inflación, la adopción del euro por parte de España vino precedida por un periodo dentro del mecanismo de tipos de cambio (MTC), con un tipo de cambio constante frente al marco alemán, y coincidió con la transición de ser un país con una inflación relativamente alta a situarla en niveles próximos al objetivo de inflación del BCE.
Con todo, este ajuste tuvo sus costes. Como se ve en la figura 7.10, la revalorización real de España con respecto a Alemania provocó un periodo prolongado y doloroso de ajuste, con bajo crecimiento y alto desempleo durante muchos años.
Evitar esos costes requiere que el gobierno use políticas del lado de la oferta para reducir el desempleo de equilibrio en la economía. Como se muestra usando el modelo WS–PS de la unidad 2, ese objetivo puede lograrse desplazando la curva PS hacia arriba (por ejemplo, con una política antimonopolio más estricta) o la curva WS hacia abajo (por ejemplo, con una mayor contención sindical en las negociaciones).
El ejemplo español sirve de recordatorio de que, aun cuando fijar el cambio acabe solucionando el problema de la inflación, los costes que implica para la economía real durante muchos años pueden ser enormes.
Además, la experiencia de otras economías europeas —cabe destacar Reino Unido— sugiere que la incorporación a la zona euro no era la única forma de llegar a controlar la inflación.
A finales de los años ochenta, Reino Unido adoptó por poco tiempo un régimen cambiario próximo a un tipo fijo que buscaba un objetivo de tipo de cambio con el marco dentro del mecanismo europeo (MTC). No obstante, a diferencia de España, Reino Unido no siguió el proceso hasta el final. Entró en recesión a principios de los noventa y dejó el MTC, de modo bastante sorprendente, en 1992. La libra esterlina se devaluó bruscamente, lo que alivió el dolor de la recesión.
En lugar de redoblar esfuerzos en un régimen de tipos de cambio fijos (y de acabar integrándose en la zona euro), Reino Unido se pasó a un régimen FlexIT. Siguiendo un método alternativo de comprometerse a soportar los costes de reducir la inflación y mantenerla baja, le otorgó independencia al Banco de Inglaterra y delegó en él la tarea de conseguir un objetivo de inflación del 2 % a partir de 1997. Desde entonces, la inflación británica también se estabilizó bastante en torno al objetivo del 2 % (hasta el choque de la guerra Rusia–Ucrania en 2022).
La experiencia de ambos países tuvo en común que el control de la inflación fue una prioridad política. En España, se llevó a cabo mediante la incorporación a la zona euro; en Reino Unido, gracias a la independencia del banco central para perseguir un objetivo de inflación. Nuestro segundo ejemplo muestra que un cambio fijo también puede reducir la inflación, pero, de no haber una restricción institucional vinculante (renunciar a la moneda nacional como España, fijar el tipo de cambio al euro como Dinamarca o dar independencia al banco central con un objetivo de inflación como Reino Unido), es posible que no se consiga de forma sostenida.
Ejemplo 2: fijar el tipo de cambio no es una solución mágica para controlar la inflación (Argentina en 1991–2001)
Nuestro segundo ejemplo plantea razones contundentes para la prudencia.
Entre 1960 y 1991, sucesivos gobiernos argentinos introdujeron un total de cuatro monedas nuevas. Para 1991, cuando empezó a circular el nuevo peso, el precio de un dólar en la moneda argentina había subido por un factor de 110 000 000 000 con respecto al cambio de 1960.
La figura 7.1 muestra que Argentina ha tenido una larga trayectoria de inflación alta y volátil. En el transcurso de unos diez años, entre 1991 y 2001, intentó solucionarlo fijando su tipo de cambio con el dólar. El gobierno introdujo un nuevo peso, que se intercambiaba exactamente a razón de 1 peso por dólar, y se comprometió a mantener esa paridad.
La figura 7.17 muestra que, desde el punto de vista de la inflación únicamente, la política de tipo de cambio fijo pareció funcionar al principio. La inflación bajó rápidamente. En unos años, Argentina tuvo una tasa de inflación parecida a la de Estados Unidos y durante un tiempo llegó a ser incluso más baja. Aun así, igual que en el ejemplo de España en la zona euro, mientras la tasa de inflación se mantuvo más alta que la estadounidense, el tipo de cambio real no dejó de revalorizarse y la competitividad de Argentina bajó hasta el extremo de causar una recesión.
Para invertir este proceso, habría hecho falta que la inflación fuera más baja que la de Estados Unidos durante un periodo largo. A medida que se incrementaba el coste de conseguirlo (a través de la recesión que se necesitaba para crear una brecha de negociación negativa), también lo hacía la presión sobre el gobierno para abandonar el cambio fijo (si no quería perder el poder en las elecciones). El desempleo en Argentina aumentó del 5,4 % en 1991 al 15 % en 2000.
- hiperinflación
- En economía se suele definir la hiperinflación como una tasa de inflación mensual superior al 50 %. En esas situaciones, una unidad monetaria pierde más del 99 % de su poder adquisitivo real en menos de un año.
Al final, en 2001, se abandonó el tipo de cambio fijo. El peso se depreció rápidamente y la inflación regresó. A principios de la década de 2020, Argentina estaba al borde de la hiperinflación.
Lo que conviene aprender de este ejemplo es que fijar el tipo de cambio puede estabilizar la inflación un tiempo, incluso en un país con alta inflación como Argentina, pero la cura solo hace efecto mientras dure el compromiso del país con el cambio fijo. Ese compromiso se puso a prueba por el apoyo político dentro del país a esa «solución a la inflación» ante los costes que acarrea en forma de recesión y por el comportamiento de los mercados financieros mundiales (a lo cual volveremos en la siguiente sección).
Ejercicio 7.4 Cambio del régimen de tipos de cambio
Busca un ejemplo de un país que haya variado su régimen cambiario en los 50 últimos años (pista: mira entre las economías emergentes o entre los países que se han incorporado a la Unión Europea).
- Busca los datos sobre el tipo de cambio, la inflación, el desempleo y el crecimiento económico del país que elegiste. Asegúrate de que los datos abarquen al menos algunos años antes y después de variar el régimen cambiario.
- Con los datos, elabora los gráficos pertinentes y agrega una línea vertical que marque la fecha (o el año) en que adoptó el nuevo régimen cambiario. Comenta las similitudes y divergencias entre los periodos anterior y posterior al cambio.
